Paidea

Constitución de 1917

Seguramente este día muchos columnistas escribirán sobre la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos en su Centenario. No quiero dejar pasar la oportunidad de expresar mi punto de vista al respecto como ciudadano y maestro. El tratamiento que daré al tema tiene que ver con las excesivas modificaciones que, en mi concepto, ha sufrido nuestra Carta Magna. 

Con cien años de existencia, hay quienes sostienen que debe redactarse otra Constitución, pues la surgida en 1917 ha sufrido excesivas modificaciones que la han desfigurado totalmente. 

También hay quienes consideran suficiente someterla a una revisión y reordenamiento para, sin modificar el contenido, hacerla más legible. Como ciudadano y maestro estoy convencido de que necesitamos un texto constitucional que pueda ser entendido por todos los mexicanos; que pueda enseñarse a los niños desde la escuela primaria con posibilidades de comprensión real, a efecto de que se convierta en un documento que regule las relaciones entre los habitantes, a partir de conocer los derechos y obligaciones, pero también de plasmar claramente el mandato a los gobernantes sobre la forma de conducir los destinos de la nación. 

Si comparamos la Constitución de los Estados Unidos de América, con más de doscientos años de vida, que ha tenido sólo veintisiete enmiendas, con la Constitución Mexicana que, con menos de la mitad de existencia, es decir, cien años, ha sufrido casi setecientas modificaciones (697 para ser exactos) mediante 227  decretos de reforma, vemos una total desproporción. 

Lo más lamentable es que la mayor parte de esos cambios han sido desde que se impuso el modelo económico neoliberal en nuestro país (de Miguel de la Madrid a Enrique Peña Nieto). Se han hecho para ajustar la Carta Magna a los intereses de los grupos de poder económico nacionales y extranjeros. Por tanto, se han abandonado los principios que regían la Constitución de 1857 y que había retomado la de 1917: la existencia de un Estado Soberano, la igualdad de todos ante la ley y el respeto a las libertades, entre otros, que hagan realidad los derechos del hombre y del ciudadano. Aunque sé que no hubo las condiciones, ni la voluntad política de los actores que pudieron convocar a un Nuevo Constituyente, para elaborar una nueva Constitución que sustituyera la desfigurada que hoy tenemos, bastaría con que se hiciera más legible y se respetara, empezando por las autoridades. 


gabriel_castillodmz@hotmail.com