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¿No hay Clase Política?

Entre tantos mensajes electoreros, promesas, ataques y descalificaciones de unos partidos a otros, o de un candidato al adversario, es difícil sustraerse de hablar o escribir sobre política; más aún cuando algunos programas televisivos aportan elementos para el análisis y, en ocasiones, para el cuestionamiento.

Es el caso del programa Cambios del 25 de abril pasado, que reunió a representantes de empresarios y académicos en un panel para hablar de las elecciones, de los partidos y de ciertos candidatos.

Interesante en lo general, con posicionamientos diversos de los participantes, sin mucha polémica.

De todo lo expresado hubo algo que retomo porque, además de haber sido dicho por un destacado académico de la U. A. de C., se hace en un medio de comunicación que busca contribuir a formar una opinión pública informada.

En cierto momento del intercambio de comentarios, se afirma por parte del panelista que es un error hablar de Clase Política, que no existe tal, que todos somos iguales, políticos y ciudadanos, y que dar lugar a la conceptualización de la Clase Política propicia la separación de ésta respecto a los ciudadanos comunes.  

¿Existe o no una Clase Política en México? ¿A que se refieren tantos ciudadanos cuando hablan de hartazgo y desconfianza en relación con los políticos? ¿En realidad todos somos iguales? Si nos ubicamos en el deber ser, tal vez; si nos atenemos a los hechos cotidianos, desde luego que no.

Desconozco las nuevas teorías de la Ciencia Política, pero de algo estoy seguro: no son los conceptos los que separan a las élites políticas del pueblo, de los ciudadanos. Son sus acciones, sus estilos, sus ambiciones, sus conductas, reprobables muchas de ellas.

Quizás podríamos dejar de utilizar la expresión “Clase” pero no creo que ello cambie las cosas. Hay quienes prefieren hablar de élites para referirse a lo mismo, esto es, a una minoría que toma decisiones políticas, que gobierna a una mayoría.

Esa minoría que sí existe –llámese o no Clase Política-, está organizada, con objetivos claros, ejerce y monopoliza el poder, goza de las ventajas y los privilegios que van ligados a él (y en México son muchos).

En nuestro país hemos llegado a niveles intolerables de concentración, no sólo de la riqueza en unas cuantas manos, sino del poder político y la toma de decisiones, que se han traducido en excesos y abusos que lastiman a la población.

Esto es lo que debe cambiar y somos la mayoría los que tenemos la palabra. 


gabriel_castillodmz@hotmail.com