Paidea

Cambio de actitud en el magisterio

En la Paideia anterior señalé como preocupante que un importante porcentaje de maestros no se inquieten, no investiguen, no cuestionen sobre asuntos que directamente les competen, y apunté la necesidad de un cambio de actitud. Debo decir que, aunque no incurrí en una inadecuada generalización, tendría que haber reconocido que otro porcentaje de trabajadores de la educación, aunque minoritario por ahora, sí han dado muestras de inquietud y cuestionamiento hacia la autoridad por medidas que se han tomado y que los docentes consideraron lesivas para sus intereses, particularmente sus percepciones. Me refiero a las movilizaciones que tuvieron lugar en municipios de la región lagunera de Coahuila, por los elevados impuestos descontados en los cheques de los profesores, y a las protestas recientes protagonizadas por docentes de Escuelas de Tiempo Completo en Gómez Palacio, Durango, por la falta de pago y la aplicación de un gravamen a la compensación que se les otorga dado el tiempo que laboran más allá de la jornada matutina.
Cuando aludo a un cambio de actitud en el magisterio, tiene que ver con la necesaria para contribuir a modificar el actual estado de cosas que, en muchos sentidos, es desfavorable a la clase trabajadora. Ni miedo, ni complicidad, ni indiferencia, apatía, abulia o indolencia deben ser lo que caracterice nuestro actuar. Hay que expresar lo que sentimos, lo que pensamos, lo que queremos y defender lo que nos corresponde por derecho. Esto es algo que habrá de volverse una línea de conducta en los maestros, si es que aspiramos a mantener o mejorar nuestras condiciones de vida y de trabajo. Pero la otra parte en el cambio de actitud, tiene que ver con el compromiso ineludible con la educación pública y los alumnos beneficiarios de ella. No olvidemos que los derechos van a la par de las obligaciones. Esto es claro y debemos atenderlo; sin embargo, hoy pareciera que las obligaciones sólo son para los trabajadores y no para las autoridades que representan al Estado. Por ello debemos entender que las movilizaciones y protestas de maestros en La Laguna, se dan a partir de decisiones arbitrarias o incumplimiento de las autoridades, y la lección que nos queda de tales acciones, es que si cada quien cumple con lo que le toca no tendría porque haber problemas.  
Lo impulsado por los maestros laguneros inconformes en fechas recientes, es una especie de “insurgencia magisterial”, si nos atenemos al significado de las palabras. El término insurgencia, como sinónimo de insurrección, es una palabra fuerte que, según el diccionario significa “alzarse en rebelión contra la autoridad pública”. Usado con propiedad es aplicable a lo ocurrido. Los maestros se rebelaron contra decisiones de la autoridad que los perjudicaron en sus percepciones, derivadas de su trabajo, y que se consideran intocables. Nadie debe alarmarse por este planteamiento, sólo se está haciendo presente el necesario Coraje Cívico que todo hombre o mujer, que todo ciudadano debe mostrar frente a los abusos de autoridad y ante las injusticias. No faltan las críticas, los ataques, las descalificaciones hacia su lucha, pero es importante la firmeza, la constancia, a partir de la convicción de la justeza de sus acciones. Es una rebelión con causa concreta que debe trascender y derivar en un movimiento permanente que ponga de manifiesto el verdadero protagonismo de los docentes, como profesionales de la educación que saben hacer su trabajo, cumplir con sus obligaciones, pero también defender sus derechos y hacer valer sus razones.


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