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Ahora sigue la salud II

La salud de los mexicanos es un asunto de enorme importancia, del que debemos ocuparnos todos. Las instituciones públicas encargadas de atenderla no viven su mejor momento; han estado desatendidas presupuestariamente y hoy están sometidas a un proceso de reestructura y de fusión, bajo una lógica encaminada a lo que han dado en llamar universalización de los servicios de salud, entiéndase privatización por medio del esquema de subrogaciones, según señalé la semana anterior.

Existe información respecto a que dejarán de atenderse ciertas enfermedades crónico-degenerativas (diabetes, presión alta, cáncer) por considerar que son la causa de la quiebra financiera de las dependencias del Sector Salud.

Si esto se confirma, debemos verlo como una acción criminal y un atentado contra un derecho fundamental, no sólo a la salud sino a la vida.

Si no es así, las autoridades del más alto nivel deben despejar cualquier duda al respecto.Como trabajador de la educación recién jubilado, puedo señalar que aporté durante 36 años mis cuotas obligatorias al ISSSTE, tanto para la pensión como para los servicios de salud, al igual que han hecho cientos de miles de compañeros, y rara vez a lo largo de ese tiempo recibí atención o hice uso de algún servicio en esa dependencia, es decir, no le generé gastos, sólo ingresos.

Después de tantos años de aportaciones, ¿no tenemos derecho a los servicios que las instituciones públicas de salud están obligadas a darnos cuando llegamos a la edad de adultos mayores? ¿Y no tendría que ser una atención de calidad? De no ser así, ¿a qué se está condenando a los mexicanos cuando se nos ha dicho, por medio de CONEVAL, que uno de cada dos no tiene ingresos suficientes para comprar la canasta básica alimentaria? ¿Podrán pagar por su salud? Desde luego que no.

¿Dónde queda entonces el artículo cuarto de la Constitución? Dicho artículo establece que todo mexicano tiene derecho a la protección de la salud y que ello será garantizado por el Estado.

La Carta Magna se usa hoy para someter y amenazar a los gobernados, pero no para sustentar políticas públicas que hagan efectivo, entre otros, el derecho a la salud. Además, la  privatización de la salud se orienta a la desaparición de los contratos colectivos en el sector y a la afectación de los derechos de los trabajadores. Sigue el reparto del botín entre las élites: ahora es la salud. 


gabriel_castillodmz@hotmail.com