Vivir el día

…de a muertito

El presidente Enrique Peña Nieto reprocha, o regaña, a alcaldes, o les reclama que se distraigan y que naden "de a muertito". El reclamo lo lanzó en la clausura de la Conferencia Anual de Municipios de México 2015. Les requiere lo que él mismo hizo, pues no cree que los gobiernos municipales sean peldaños "para escalar en trayectorias personales, sino espacios de privilegio para servir a la sociedad que nos ha depositados su confianza".

Todavía más: "Cumplan con lo que se han comprometido y manténganse perseverantes en su esfuerzo. Porque puede ser a veces tentador navegar en espacios acomodaticios". De hecho, resume su biografía política, porque para llegar "a la grande" se requiere más de una oportunidad que es hija de un oportunismo constante. Era inevitable que aludiese a la disposición federal para comprometerse en lo que no acaece: "cerrar filas" por los gobiernos municipales, que habrán de hacer su propia tarea.

Aunque la ley nacional propone al municipio como fundamento de las realidades políticas mexicanas, lo cierto es que, en sentido estricto y pragmático, es una dependencia de los gobiernos estatales y de la Federación. Al estar en estado de emergencia gravísimo la seguridad nacional, se atrevió a decir que un trabajo coordinado ha logrado avances grandes. No se sabe de dónde sacó que se haya superado la más alta crisis de violencia.

No solamente no ha desaparecido la violencia, sino que se manifiesta con sadismo, con crueldad. Así lo muestra la aparición de tres cadáveres degollados en la cabecera municipal de Chilapa. El desprecio llega al colmo del abandono de cuerpos, y que no hay su inmediato rescate por los familiares.

La causalidad de las muertes criminales es heterogénea, pero se cree que la violencia narca es causal primera. La ascendencia, la extremada urgencia, de frenar o disminuir el azote asesino lleva a acelerar, como en Chihuahua, centros de justicia y salas de juicios orales. No ha cundido el alarmismo, pero sí la inseguridad en todos los estados, y ya se ha tenido que reconocer que la Ciudad de México no escapa a este desquiciamiento.

No consuela ni palia nada mayor el hecho de que los asesinatos sean un hecho crónico en la vida de la humanidad, en todos los países. En todo caso, proseguirán las batallas mortíferas y la demanda y la necesidad de contenciones, ya que no es posible esperar inhibiciones cabales de las animosidades asesinas.