Vivir el día

A morir

En la frontera más belicosa de la República mexicana, la de Jalisco y Michoacán, en los municipios de Tanhuato y Ecuandureo, aconteció una de las matanzas más crueles entre los malvados del cártel de Jalisco Nueva Generación. Fue toda una batalla prolongada, de tres horas, el saldo fue muy mortífero.

Hasta ayer se consideraba que 42 miembros del grupo delictivo fueron abatidos. Un agente federal murió y otro resultó herido. Se aprehendió a tres delincuentes. La batalla se dio en un terreno muy grande, de 102 hectáreas, que se usaba como casa y bodega. Se encontró armamento, como es frecuente, de una capacidad destructiva grande: un lanzagranadas cargado, un fusil calibre 50, capaz de perforar un tanque; 36 armas largas, dos armas cortas, decenas de cargadores, centenares de cartuchos.

Si no son los delincuentes un ejército, sí actúan con armamento y estrategias semejantes a las militares. No es el único cártel operando en el país, y las ganancias, rencores, de los centenares de acosadores y victimadores seguramente son de una cuantía que acarrean el apetito de esos mexicanos. No hay una sociología criminal, ni información que informe o ilustre a los ciudadanos que temen o requieren información de los orígenes de tantas decenas que decidieron dedicarse a este afán.

La información proporcionada por Monte Alejandro Rubido, comisionado nacional de Seguridad, da más bien cuenta del pésame que de los orígenes y ubicuidad de los cárteles. Esta violencia más bien insólita del abatimiento de cuatro decenas de los atacadores tiene algunos remedos en otros tiempos y horas.

Esta batalla ocurrió a horas matutinas, cuando agentes recorrían la zona, y una denuncia por “invasión” de presuntos delincuentes a una propiedad en esa demarcación. Es comprensible que este enfrentamiento haya causado alarmas, sobre todo porque lo posible y probable es que esto continúe hasta sabrá Dios y Tláloc cuándo.

La insistencia y la ocupación de territorios por los sicarios ha forzado que las fuerzas militares, Marina y Ejército, la Gendarmería, sean los actores de la lucha inacabada e inacabable. La mortandad es muy excepcional ahora mismo, de tal modo que puede sostenerse, con algún exceso, que en México se libra una batalla nacional.

Ya no se reprocha que las fuerzas armadas se ocupen de tareas que serían empeño de fuerzas locales o estatales. Y si se entiende la injerencia de trasnacionales del narco y el lamentable apetito por la droga en Estados Unidos, pues qué cabe esperar.