Vivir el día

Muy informe

Tan inane y aburrido e ignorado en las minucias es la entrega del Informe presidencial, que ya se lanzan iniciativas legislativas para que regrese la posibilidad de que el Presidente de la República dé la cara y pueda ser cuestionado por los opositores y quizá, en el más improbable de los casos, por sus propios correligionarios.

En la Cámara de Diputados y en el Senado se han presentado iniciativas de reformas constitucionales para que sea obligatorio que el Presidente asista al Congreso de la Unión y entregue, en persona, su Informe de Gobierno. El extinto formalmente PT presentó una iniciativa semejante a la de la fracción del PRD en la Cámara de Diputados.

Francisco Martínez, de la bancada perredista, documentó lo que el diputado presidente, Jesús Zambrano, presentó el reciente primero de septiembre, cuando se hizo la entrega-recepción del tercer Informe de Peña Nieto. Por octavo año consecutivo no asistió el llamado mandatario nacional.

Se pide que el jefe del Ejecutivo federal acuda ante el pleno del Congreso y dé mensaje político y cuentas por escrito sobre el estado general de la administración pública. También se quiere que el Presidente se presente en la Cámara de Diputados a exponer el Informe y actúe una rendición de cuentas. "Deberá escuchar las intervenciones de los legisladores y responder a los cuestionamientos que le formulen, de acuerdo con el procedimiento establecido en la Ley del Congreso", precisa gente del PRD.

Se afirma que la práctica hasta la fecha es más bien un trámite burocrático, sobre todo por la ausencia personal del funcionario mayor. Y así "de lejitos" se cumple con un ritual, más que con una revisión o confrontación política abierta. Felizmente ya no hay culto a la personalidad, de no ser de los compañeros o secuaces priistas.

Y en tiempo de precariedades y saqueos abundantes se presenta el requerimiento del PAN para reducir 50 por ciento el financiamiento público de los partidos, y destinar estos complejos recursos a prioridades en un país hambreado, violentado y con devaluación de facto.

Lo que dijo Peña causó la inevitable división de opiniones, y actitudes acomodaticias, como la de César Camacho, que llega al colmo de proponer que su presidente se ve encarando la necesidad de empezar sus reformas, y ensalza un decálogo laico que dice que posee efectos didácticos, para que "todos" los mexicanos converjan en temas ajenos a las posiciones partidarias. Se mantienen los ritos, las expresiones banales, informes en el fondo.