Vivir el día

Terrorismo a lo bestia

Los atentados en Túnez (36 muertos y 12 heridos), en Francia (un muerto decapitado), en Kuwait (25 muertos y 212 heridos) y en Somalia (56 muertos) han causado pesadumbres y duelos terribles, y la conciencia de que esta violencia es atroz y exige prevención por su muy probable secuencia.

Por declaraciones y confesiones, la imputación es para los yihadistas, los más militantes y ahora uno solitario, pero con las mismas belicosidades. Por la índole de los ataques se advierte que los mortíferos empeños forman parte de una estrategia, al punto de que España lanza a “riesgo alto” la alerta terrorista. En Francia también se declara una condición policiaca análoga.

Al imputarse a los yihadistas, y por la ubicuidad de los atentados, ha surgido una reacción que se quiere internacional. Las Naciones Unidas, además de repudio, también se ha manifestado y habrá respuesta que apoye la defensa armada.

Érick González, en El Mundo, considera que los ataques provienen de tiempos remotos. También estima que esto tiene antecedentes y vínculos con la primera guerra de Irak. Al Quaeda y su fundador, Osama Bin Laden, tenían el empeño de un combate total a quienes usufructúan las riquezas de los explotadores.

Se propone que “la guerra contra el yihadismo solo puede ganarse si se suprime la mezcla de petrodólares y fundamentalismo”. Entraña también que solo puede ganarse, insiste, si se encara el fundamentalismo que crece en la Península Arábiga, especialmente en Arabia Saudita.

La marca ideológica se registra porque se arrogan una superioridad moral, dado que el hedonismo y la superficialidad occidentales son de repudio, y la consideran combate contra infieles. Así, el acicate para los belicosos, para sus jefes, da vigor malsano a los combates, y así es en mucho una guerra con ribetes y apariencias religiosas.

Los intereses en el petróleo son parte de la razón de ser de la injerencia del llamado Occidente en esas vastas regiones. La cancillería mexicana cumplió ya con su obligación formal de manifestar el rechazo cabal a estas crueles agresiones.

La estrategia incluye asaltos, vandalismo y asesinatos, muy ajenos a la lucha frontal militarizada. Así se han lanzado sobre los complejos hoteleros costeños de Túnez. Es fácil entender que se trata de expulsar a los beneficiarios de tierras ajenas. En España la alerta terrorista lleva a intentar el control de redes sociales e internet. Podría analogarse todo esto a una guerra santa, y ya es un conflicto del mundo actual.