Vivir el día

Recuento del crimen

Prosiguen las delincuencias homicidas en el mundo. Por más que en México los 7 mil 993 asesinatos del fenecido año es el dato más bajo desde 2008. De todas maneras la cifra es altísima. Cifra el recuento, con minucia, MILENIO Diario y los datos describen estado y zonas donde hay recurrencia y novedades.

Jafet Tirado y Rafael López, con esquemas, propician conciencia y localización puntuales. Chihuahua es el estado con mayor logro homicida con mil 143 violados hasta la muerte. Si bien ha habido una disminución de 36.2 por ciento. Sonora es el territorio que sigue en esta delincuencia mortal: con 445 y con un aumento de 39.4%. Tamaulipas, con su confusión política y el arraigo de la maldad narca, presentó 356 con decremento de 4.0.

Es en Guerrero el sitio nacional  plaza mayor, donde los asesinatos, mil 75, lo colocan en segundo lugar, con un aumento del 11.7%, un poco por debajo de Chihuahua el año pasado; el Estado de México sufrió pérdidas de 623 personas, también con baja de 26.4%. Michoacán con 594 y con aumento de 36.2% sorprende para bien; si se piensa en complicidades oficiales con el narco, Tierra Caliente es dominada por ellos y saqueada por empresas canadienses.

No se mantiene igual la delincuencia y varía, por supuesto, por años y condiciones económicas nativas y trasnacionales. Son tres los estados notorios: dos del norte —Chihuahua y Sinaloa—, pero es Guerrero el área amplia con ascenso de 11.7%.

Aunque con disminución de 26.4%, Sinaloa es estado donde la muerte se manda sola: 747, aunque con descenso de 26.4%. Veracruz el año pasado fue asaltado por homicidas en gravísimo escándalo: aumento de 94.6%. Y en Jalisco, con 518, hay respiro reciente por su disminución en 43.2%.

La gráfica de los reporteros visualiza que es el noreste, el sureste y el Golfo de México el mundillo de los pérfidos. Solamente el gobierno de Morelos ofrece números gratificantes por el abatimiento en un porcentaje alto y parcialmente tranquilizador. Aunque en los últimos días se han clavado allí garras muy salvajes.

Desasosiega que Chihuahua no logre perder su primer lugar en criminalidad. En siete años consecutivos mantiene a la violencia como suceso irremediable y sin freno previsto, por más que su gobernador ande proclamando ufanías represivas de eficacia. Guerrero es comarca amplia ya muy afamada internacionalmente por la desaparición de 43 normalistas de Ayotzinapa que obligó a la extinción de un gobierno de apariencia perredista y que inició empeños destacados por el gobierno de Enrique Peña Nieto. Tuvieron que mandar una policía militarizada, ligada con el arcaísmo llamado Gendarmería, para saber y actuar emergentemente.

En el Estado de México el homicidio se ha podido paliar, frenar, se ha dicho; no ha aumentado: de 625 a 623, según se sabe. Su mando local divulga datos de salud pública, pero no da cuenta confiable de los sucesos criminales.

Válgase la puntualización: en el Distrito Federal, 232 casos con aumento de 21.4%; Oaxaca 222, aumento de 44.1%; Coahuila con 196, menos 59.8%; Baja California 193, menos 12.2%; Guanajuato 180, aumento de 36.3%; Nuevo León: 168, menos 68.2%; Durango 120, menos 60.5%; Puebla 88, 1.1%; SLP 69, menos 62.9%; Zacatecas 61, menos 79.2%; Hidalgo 52, menos 31.5%; BCS, 42, aumentó mil 300; Chiapas 30, menos 54.5%; Tabasco 29, menos 50%; Colima, 24, menos 65.7%; Querétaro 16, menos 36%; Aguascalientes ocho, menos 55.5%; Tlaxcala seis, menos 50%; Nayarit cuatro, menos 92.4% y Yucatán tres, 0%.

El efecto cucaracha es marca de la criminalidad. Se mudan, se asocian a gobernantes, no son estables, al tiempo que señorean regiones por tiempos.

El deber y la necesidad fundamental son la seguridad o el constante control de las inseguridades que nunca son plenas. Y sin bien Peña Nieto no es el culpable de la violencia, sí es el responsable nacional. Hasta el momento es su desgracia política. Por eso se acordó, sí a toda prisa, un deseable trabajo conjunto.

El lío de las autodefensas, Tlatlaya una y otras veces, la matanza del 30 de junio, La Ruana, el asesinato juvenil de Iguala son evidencia de la tragedia mexicana hasta lo insufrible; la tristeza, el rencor, en encaramiento, aquí y allá frente a munícipes, gobernadores y, por supuesto, con el mismo Enrique Peña Nieto. No sorprendería del todo un autogolpe de Estado. Y, sí, sigue la muerte dando, sin visión de que, por lo menos, se establezca pacificación.

Por la imposibilidad de que las impunidades y las colusiones puedan sostenerse para siempre y por los ánimos de justicia penal, las tareas policiacas son obra más bien constante y con resultados. La División de Gendarmería de la Policía Federal detuvo a 10 policías municipales de Iguala, agotada por lames que resultan odiosos.

Los acusados sospechosos aprehendidos por agentes municipales ahora son 58. Se les señala por posibles y probables vínculos con la delincuencia organizada y presunta participación en la agresión contra normalistas el 26 de septiembre. Los cárteles de Guerreros Unidos y Los Rojos son adversarios en el narcotráfico, cobro de piso y extorsión. La industria (quehacer, trabajo) de la criminalidad es institucional en regiones, estados.