Vivir el día

Llamas

Las agresiones entre mexicanos son tan ardientes que vale la pena afirmar que es una nación en llamas; los males que asuelan el país convocan la atención internacional y no pocas protestas.

Con presteza, afablemente, el ingeniero Pancho González y Carlos Marín me convidan a sus páginas. Con gratitud acepto su generoso interés. Es muy satisfactorio el reconocimiento y su solidaridad. Horas arduas de México las que se viven. Valga el empeño en razonar públicamente, en atender criterios y opiniones de ciudadanos, su gana y aún garra por inteligir lo que ocurre aquí y en otras naciones.

La pasión solo se equivoca en el objeto, propuso un pensador. El periodismo es una pasión que importa. En MILENIO esta pasión y profesión suelen cumplirse:

El fuego, imprescindible y ubicuo, enardece, es bendecido y maldecido. Tan grande es su poder que el concepto se extiende y conviene para aludir a otras realidades, no solo a las ígneas. Las condiciones de la República Mexicana son tan ardientes que vale la pena afirmar que es una nación en llamas.

Las agresiones entre mexicanos y también de otros seres humanos que se encaminan hacia México, para arraigarse, si pueden, o como vía de tránsito hacia Estados Unidos. Centroamérica es la región que impele y aún expulsa a miles de sus habitantes por penurias, represiones y agentes del narcotráfico. Muchos de ellos padecen a compatriotas que los extorsionan y no son pocas las bandas que los siguen y los persiguen.

Pobre gente. Se les socorre circunstancialmente. Pero es hazaña entrometerse en tierras que les ofrecen de inmediato la posibilidad de comunicarse en su lengua de origen. Es constante el robo de los pocos dineros que les permiten alguna comida, difícilmente algún vestido. Los aventureros por hambre y desempleo no paran en su éxodo ilusionado.

Prefieren las rutas en donde la pacificación mexicana les ofrece consuelos y avíos. El Golfo de México, sus estados costeros, son los caminos que les favorecen. Pero la tragedia de las violencias aquí, crecientes e irrefrenadas, añade un riesgo grande a sus empeños por trabajar. Es improbable que se atrevan a irse por los senderos del Atlántico.

La magnitud extrema de extorsiones, asaltos, desempleos es mal que asuela en un país, antes en pos de prosperidad, con algunos logros importantes, no oculta ya la problematicidad de una república que es observada y recriminada por dramas colectivos. Las matanzas de jóvenes, a veces entre ellos mismos, convocan la atención internacional y no pocas protestas, en Europa destacadamente.

Las patéticas mortandades en el estado de Guerrero, y otra vez hay que referirlo, en Michoacán, Tamaulipas y las soslayadas en Jalisco, los episodios cruentos que han ocurrido en estados como Durango, el sur de Chihuahua, el sur del Estado de México, en sus colindancias con el Distrito Federal, recurrentemente, llevan al colmo de que los poderes ejecutivos se pronuncien, anunciando acciones colegiadas para arrostrar a la criminalidad pululante.

El presidente Peña hubo de rebasar su cautela y hacer declaraciones ahora sí frontales. El secretario de Gobernación, un día sí y el otro también, emite comunicados, da cuenta mediática y personal de los esfuerzos para tratar de frenar las virulencias asesinas o rateras. México ha llegado al reconocimiento de atrocidades en el orden, no menos hostil y nocivo como en los negocios de gobernantes y complicidades con el “mundo” de los negocios, de las finanzas.

Es España la porquería ladrona de políticos y empresarios es mayúscula. En esta semana se denunció y aprehendieron a 51 de los enfermos por adinerarse, sobre todo cuantiosamente. Están atrapados seis alcaldes y otros cargos en cuatro municipalidades. Sus truculentas habilidades para propiciar negocios ilícitos por 250 millones de euros precisa ayer el diario El Mundo, que divulgó MILENIO.

Un hipócrita, que fue el número dos del no menos falsario Partido Popular, Francisco Granados, fue cogido con una segunda cuenta en covacha financiera de Suiza. Por cierto, algún día podrá haber acción internacional para contener y aun sancionar a la banca de ese país. Es la cueva de Alí Baba del mundo, aunque no está sola en las turbiedades de proteger dineros mal habidos. Para las tropelías se unen amigos de infancia. El saqueador a la bruto, también “empresario”, David Marjaliza fue su compañero. Pillos, escondían más de un millón y medio de euros de ganancias en la Bolsa.

Embrutecidos por la avaricia, en los dos últimos años manipulaban adjudicaciones públicas que rondaban los 250 millones de euros. La trama consistía en que los adjudicatarios pagaban a políticos y funcionarios. Desde luego allá también se otorgaban “comisiones” a políticos y empleados públicos. La atávica colusión de siglos.

Operó fuertemente, allá lejos, su fiscalía anticorrupción. Y corren las versiones sobre el origen y custodia de los atracadores. El farsantón de Rajoy se convulsiona al indiciar que los atracos venían de muy tiempo atrás. Por supuesto los políticos se arrebujan y alegan que las autoridades populares, “los del PP, fingen ser políticos con el pueblo” aunque sean de derechas;  tal se les considera de acuerdo con sus modos de calificación.

Y, es verdad, mal de muchos consuelo de perplejos. Empresas y adjudicaciones falsas, la sabida estratagema de pillastres de altos vuelos.

Pero no consuela ni salva la desgracia y el rescate españoles. Aquí se canta el cante jondo y nada mal las rancheras. Los socializantes de allá también cuentan con sus malvados con fondos públicos. En esta tierra es donde se querrían ver cotidianamente diligencias de este corte. Por más que la criminalidad sea el mal mayor y atroz.