Vivir el día

Islamismo en América Latina

Según sus preocupaciones y miedos, John Kelly, jefe del Comando Sur del Departamento de Defensa de Estados Unidos, lanzó advertencias sobre si al menos 100 militantes del Caribe y América Latina se suman al Estado Islámico (EI). Su creencia, su denuncia, es que esta nueva plaga es originaria del Caribe: Jamaica, Trinidad y Tobago, Surinam y Venezuela.

Entiende que los conocidos como yihadistas irán a Siria, donde “se van a hacer buenos para matar y aprender algunas habilidades en términos de explosiones y decapitaciones”. El sadismo se ha incubado, si se considera el hecho terrible no solamente de que se asesina, sino que se decapita. También es relevante que los aspirantes al terrorismo sean oriundos de países donde, según Kelly, “hay una total incapacidad para realmente encararlos. Así que estamos atentos”.

No se equivoca el funcionario estadunidense, pues en efecto, sobre todo en Honduras y en México, la violencia es irrefrenada y daña, con mudanzas, en todo el país.

Son semejantes al activismo de la Ceteg, que en Acapulco, unidos con padres de normalistas de Ayotzinapa y a opositores a la presa La Parota, demandaron la presentación de estudiantes desaparecidos. Es explicable e imposible la presentación de los desaparecidos, quienes han sido ya considerados oficialmente, según la PGR, como perecidos.

La violencia es el drama más agudo y común en la República. Es lamentablemente improbable que la nueva procuradora pueda obtener recursos y métodos para extinguir o evitar centenares de asesinatos, extorsiones y dominio de regiones que son feudos de la criminalidad interna y la que está llegando de otras áreas.

Si a esto se agrega el hecho grave, que se estima que disminuirá, del precio del dólar y la consecuente devaluación del peso mexicano, estos hechos y juegos financieros atosigan como nunca el presente y el futuro de la condición de la mayor parte de los mexicanos.

La incertidumbre y la gravedad de mortandades se expresa muy certeramente con la expresión de Peña Nieto de una instancia por una cruzada contra la pobreza. Las penurias partidarias no permiten saber o esperar movimientos u organizaciones que puedan, no se diga resolver, sino afrontar la peor etapa de gobiernos y ciudadanos.

No hay caudillos ni actores principales que convoquen a una soñada movilización general para encauzar, fincar, esperanzas creíbles para que prosiga, por lo menos, la pacificación nacional. Guerrero, Tamaulipas y Michoacán son los epicentros de la violencia y el hartazgo, en los dos primeros años del  gobierno peñista.