Vivir el día

Ejército en la calle

En un principio podría (podría) ser también (también) una decisión del Presidente de la República, pero creo que ahora interesa tomar en cuenta la opinión de la sociedad. Y hoy la sociedad es la que pide que no nos vayamos a los cuarteles”, tesis del secretario de la Defensa Nacional, general Salvador Cienfuegos.

Los crímenes aumentan, aunque en cifras según los delitos. El homicidio doloso es muy grande y muy grave: en este enero hubo mil 287 —referido por el secretario Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública—. Los delincuentes, ocasionales o de decisión, causaron denuncias en el Estado de México (17 mil), 12 mil en el Distrito federal y 8 mil 200 en Baja California. La ufanía de la Jefatura de Gobierno del DF por su seguridad se acoge a las denuncias y no del todo a la real perpetración de asesinatos.

No así en los secuestros y extorsiones. Su prevención, rescate y sanción corresponde a autoridades civiles, a policías. Empero, “el problema es la construcción de policías bien capacitadas, adiestradas, identificadas con la seguridad social que le corresponda, dedicadas a su trabajo”, acota Cienfuegos.

Las preocupaciones, temores y acosos de quienes tienen poderes económicos, la afortunada iniciativa privada, exaltó con recursos la tarea y necesidad de los militares. No se distingue de igual manera a la Armada nacional. La Marina también asume tareas policiacas, no solamente en las costas. Se ha requerido a menudo de su comparecencia y acción, entre otras razones porque no son sujetos de acusaciones por participación en acontecimientos y regiones de violencia extrema. En costas, sin embargo, el narcotráfico, el contrabando y colusión con criminales, son constantes: los delitos de tráfico de personas, allanamiento y tránsito de indocumentados hacia Estados Unidos de América.

El comandante de la XI Región Militar indicó un hecho lastimoso: no se reconoce el empeño de los militares. Se inauguró un Parque Ecológico allá: un parque con lago artificial, una palapa, una pista de atletismo y un andador central. Los ingresos y la vida cotidiana de militares y policías son de pobrezas.

Las afirmaciones del secretario de la Defensa Nacional por cuanto recibe, dice, requerimientos para que, de hecho, las milicias cumplan deberes policiacos y que patrullen parcialmente en ciudades, pueblos, carreteras, costas y el espacio aéreo, pueden tener opinión común a su favor.

Ya no se usa el clisé, el alegato o premonición priista de antaño en pos de la “justicia social”. En una nación que recurre a la instancia de “cruzada contra el hambre” no se amparan creencias u ofertas políticas como Progresa, sin que sean desdeñables alivios o socorros regionales. No solamente los militares están en la calle.