Vivir el día

EPN regañón

En reunión ordinaria del Consejo Nacional de Seguridad Pública, Enrique Peña Nieto expresó ansiedades y preocupaciones por los terribles, criminales, hechos delictivos en la República mexicana. Se dirigió a gobiernos municipales y estatales, como en los viejos tiempos, ya idos, en donde había hegemonía casi cabal del PRI. Olvidó o menospreció cambios clave.

El primero es que hace tiempo que el Poder Ejecutivo federal no posee fuerzas para que el mando supremo sea el presidencial. Los poderes Legislativo y aún el Judicial actúan decisiones que no dependen del presidencialismo ya muy agotado.

Llamó: “Nadie escape ni suponga que vendrán otras instancias como las fuerzas armadas y la Policía Federal para relevarlos de la tarea que es propia, en algunos casos, de los estados”. No, ya no es el caso.

Su administración “no bajará la guardia contra la impunidad, la corrupción y la violencia”. Ya se la bajaron. Todos estos años han sido marcados por violencias que abarcan la mayor parte de los estados. En algunos casos ya tienen sede delincuentes nacionales y trasnacionales. El secretario de Gobernación demanda, urgido, que los gobernadores establezcan un convenio marco para aplicar la policía estatal única.

En reunión de actores y representantes, admitió que la idea de una policía estatal “es una fórmula de corresponsabilidad para ser más eficientes (?), que no significa restar, sino multiplicar, que no significa reducir, sino potenciar nuestras capacidades”. Y sí, “con la urgencia que el momento amerita”.

Entre otros sucesos de espanto y cólera, la matanza en La Ruana es otra tragedia que hace más grande la inseguridad, los miedos y las fobias. El comisionado federal para Michoacán sostiene que los asesinos están identificados. Santo y bueno, ahora deben acontecer controles y resultados.

Peña Nieto recordó las infamias y poblaciones acosadas y victimadas y correlativos. “En los hechos ocurridos en Guerrero, un alto porcentaje de su policía estaba certificada en el tema de confianza y, sin embargo, ahí están los resultados, los muy lamentables hechos de Iguala”. Las impunidades y las asociaciones entre guardianes del orden se han establecido como garantes y fuerzas que han instituido la vigencia de agresiones, saqueos, robos y asaltos sin fin.

Si a esto se integran las violencias, las impunidades de anaquistas (anarquistas se dicen), la zozobra es ya mal social. Dice verdades EPN: entre la sociedad hay falta de credibilidad, hay desconfianza. Las fuerzas mayores del país hubieron de encontrarse: los gobernadores y las agrupaciones civiles que ya no cesan de hacer denuncias, señalar culpables posibles y sus sedes.

También el atlacomulca conviene con Alejandro Martí y María Elena Morera, que saben, el primero, del sufrimiento en carne propia, filial, de la victimación impune, sádica. El activismo social y político habrá de superar que vencer, en grande, las capacidades del crimen organizado son mayores, sofisticadas. A ver de dónde se obtienen gendarmerías, policías de muchas dotes.

Es muy de admitirse —a pesar de contubernios y de doble personalidad, en el día guardias, en la noche atracadores— que enturbian, confunden a habitantes, a regiones. La michoacana, la tamaulipeca, la guerrerense, dan a saber de la difusión e inoperancia defensiva.

El reproche regañón, parcialmente fundado: “…he escuchado reflexiones, buenos discursos, pero no puede quedar todo solamente en eso”.

Calcula acertadamente el presidente de una bien definida agrupación, “México SOS”: “el tiempo se agota y la desesperación crece”; y alega razonadamente: las acciones para combatir la corrupción deben “dejar la simulación”.

Verificable es, por el contrario, que las fuerzas armadas combaten, contienen a delincuentes y delirantes, hasta el límite insensato de pedir que Enrique Peña renuncie. Pronto habrá cuentas de las propuestas del ansioso Consejo Nacional.

Los acuerdos: un convenio de mando único (aunque habrá de determinarse después de debates en el Congreso); nueva metodología para medir la incidencia delictiva y elevar la calidad de la información, por dura que pueda ser. Es dura, muy preocupante. Que adopten medidas necesarias para contactar con número único de emergencias, propuesto hace semanas.

El reclamo de Causa Común y Martí por la vigencia de un círculo vicioso de corrupción e impunidad es tarea de muy largo plazo, pues el sistema mexicano también es el colegio de corrupción e impunidad. Y los delirios también se imponen: M. A. Osorio Chong: “Jamás volverá a unirse el crimen con la autoridad”. De no ser por el sacrificio de las fuerzas armadas, las revueltas en el país ya habrían llevado a un estado contrarrevolucionario.

Es muy grave que sesione, pública y privadamente, el Consejo Nacional de Seguridad. Este siglo en México ha sido amparado por las tareas públicas de la Marina y el Ejército.