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El acoso de la sección 22 de la CNTE no ha cesado, principalmente en Oaxaca, Michoacán y, soterradamente, en Tamaulipas. Hasta ayer, los muy agitados y agitadores declararon como “nulas e insuficientes” las respuestas de los gobiernos federal y locales, y han puesto en su agenda la provocación de la presencia viva de desaparecidos.

La agresividad de los llamados maestros disidentes llega a un colmo actual y declaran que están en “alerta máxima” por el despliegue de 11 mil agentes dispersados por el estado de Oaxaca, y en las otras entidades referidas que  también padecen intranquilidades (bloqueo de carreteras, ocupación de centros de trabajo oficiales). Sí que ha habido conversaciones entre Gobernación y la CNTE, a quien le ha pedido que frene protestas, pues ya no hay nada que discutir.

El pleito ha trascendido, pues la Segob ha instruido a Pemex para que se cancele la distribución de combustible allá. No hay seguridad, explica. El INE ha pedido riguroso apego a la legalidad a las fuerzas federales. Ayer se reunían consejeros para ponderar la movilización de personal del Ejército, la Marina y la Policía Federal.

Ya se han callado la boca actores en este desbarajuste político. Hoy el asunto culmina, en su etapa inicial, por las elecciones que deberán celebrarse. Michoacán, Guerrero y Oaxaca son las regiones donde las discrepancias, los desencuentros, son más intensos y anticipadores de colisiones que, quién lo diría, llegarían a encuentros sangrientos y hasta mortíferos.

No había ayer alarmas en todo el país. Pero infortunadamente se impuso la militarización en la bronca. Los temores mayores, hay que reiterarlo, no abarcan zonas grandes y amplias de la República. No se puede calcular la dimensión de las posibles agresiones mutuas. Pero el asunto no es desatendible.

Las mortandades más que abundantes y sangrientas, la participación de narcotraficantes, y ahora la movilización militar abierta exhiben una circunstancia más que apremiante y riesgosa. Pero se sabrá hoy mismo en la noche, la dimensión primera de estos conflictos y las actitudes de los beligerantes.

No ha sido perita la administración federal en el control y apaciguamiento de estas enemistades, ahora radicales. Podrían aparecer provocadores de ambos lados para incrementar aún más este desarreglo social. Ya envenenado por decenas de muertes, perseguidos y desesperados. Por cierto, la desesperación no aparece nada más en uno de los confrontados. Pero se sabrá pronto quienes enloquecieron. Así la quema de ocho sedes de partidos en Chiapas.