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Cieno

Entre las condiciones graves del estado de Veracruz destaca la pugna del gobernador saliente, Javier Duarte, y su sucesor, Miguel Ángel Yunes. La belicosidad es extrema y no se guardan imputaciones más que fuertes y que ya incluyen denuncias. Es un enfrentamiento que podría terminar con juicios penales y no solo por las elecciones pasadas.

El priista se apresuró a denunciar en dos agencias del Ministerio Público y a ampliar sus denuncias penales. Las acusaciones son fundamentalmente en torno a enriquecimiento ilícito. Señala propiedades del gobernador electo. También acusó al panista por lavado de dinero. Su cuantía es enorme, 400 millones de pesos, “tan solo en Veracruz y en la Ciudad de México”.

El lujo se expresa en el establecimiento de albercas, spas y muelles para aparcar yates en municipios de Alvarado, Boca del Río, Veracruz, Coatepec y Xalapa. Yunes ha dicho que Duarte y colaboradores, incluidos familiares, han adquirido propiedades y empresas con desvío de recursos estatales y federales.

El gobernador replica: “Yunes Linares no tiene calidad moral. Es como si lo dijera El Chapo Guzmán, es un hampón, un gánster que no tiene ni legitimidad ni calidad moral para señalar a nadie”.

El gobernador electo no acepta los cargos y, según él, lo que quiere Duarte es denunciar por lavado de dinero. “De acuerdo a sus fantasías, tengo más bienes que el propio Duarte y sus cómplices”. Por la manera de decir y los cargos esta es una expresión más del cieno político, que no es novedad ni aquí ni en ninguna parte del mundo.

Las desgracias veracruzanas son diversas, ahora mismo los climas lo vulneran mucho, y es más que sabido que es un territorio allanado por la narcodelincuencia. No todo es infortunio, pero sí es el caso de un país victimado mayormente.

No se cree ahora que las denuncias puedan tener resultados ni que los enemigos políticos sean recriminados y ajusticiados verdaderamente. Las vías e instrucciones de los partidos no tienen aparición y las ausencias de liderazgos sólidos en el PRI y en el PAN alejan la creencia de que pueda haber un concierto directivo en ninguno de los dos partidos. Se imponen las cenegosas inquietudes e intereses ajenos a las necesidades regionales y nacionales.

Los otros partidos y movimientos son extraños en esta contienda y, aunque todavía no están próximas las fechas y acciones para la sucesión presidencial, estas disputas son antecedente que podrá importar en el futuro ya no muy lejano.