Vivir el día

Chapoteando

Anticipado por un operativo de la Secretaría de Marina, que lo buscó por aire, tierra y drenaje, se volvió a atrapar al ya conocido internacionalmente Joaquín Guzmán Loera, identificado con el apodo de El Chapo —si no se tiene apodo, no se es afamado.

Ha de decirse que este nefasto personaje ya es un sujeto de fama y presencia crónicas en la historia social de los mexicanos. Astuto como pocos, ha sabido hacer negocios y maldades, no solo en México, y su influjo es trasnacional. Por su eficacia delictiva y fugitiva ya tiene arraigo en los medios de comunicación. Pero también, como otros delincuentes eminentes, en Sinaloa y Durango es sujeto de atención y tutela.

Su persecución constante se fijó, más que nada, en el norte del país. Y como se ha dicho, había operativo de vigilancia por espacio de un mes al ser detectado su ubicación frecuente en la ciudad de Los Mochis. Se cuenta que, a pesar de sus escrúpulos, el narcisismo le ganó y ocasionó su ubicación por querer hacer una película biográfica. En su intento de huida, el señor de los drenajes propició que cómplices abrieran una alcantarilla para salir a una avenida y robar un vehículo. Atraparon a Guzmán Loera y a Jorge Iván Gastélum Ávila con comandos medianos, sus cómplices trataron de protegerlo, pero fueron capturados y trasladados de Los Mochis a la Ciudad de México.

El acoso fue intensivo, y se hizo saber que se recabaron 303 declaraciones y se realizaron 111 inspecciones ministeriales, además de que se formularon 142 requerimientos a distintas autoridades, y se aprovecharon aproximadamente 191 indicios en el sitio de evasión. También se cumplieron 32 cateos y 25 aseguramientos. Los pertrechos de los cómplices son de calibre y uso militar, pero nada pudo impedir, finalmente, que volviese a caer este señor que dañaba a comunidades mexicanas y extranjeras con drogas.

Las imágenes que divulgaron los federales han mostrado a este señor de insolencias conocidas controlado, con la cabeza gacha y esposado con las manos a la espalda, con lo cual, además de la humillación, se le mostraba indefenso. La muerte ha acompañado a este mexicano atroz, pues varios de sus cómplices, cinco de ellos, fueron abatidos en lo que ellos consideraban casa de seguridad.

Volvió el criminal a su residencia penitenciaria, y es de advertirse que principalmente fueron elementos de la Secretaría de Marina quienes lo detuvieron. La persecución incluyó el uso de helicópteros. Hoy se especula sobre las formas permanentes del control de sus cómplices, y la prevención, y también asedio, de quienes habrán de sucederle.