Vivir el día

‘Bullying’ político

Enrique Peña, al conmemorar el Día del Maestro, se vio compelido a pedir “acelerar el paso” para evitar rezagos en la educación. Persiste la confusión entre educación e ilustración, de aquí muchos reclamos y deficiencias. Lo común es ilustrar, que no educar.

Los aprendizajes contemporáneos, sabida que sea la noción crítica, acusan la tarea de dotar principios y métodos para la creación y la recreación de conocimientos, y no solo memorizaciones. La ignorancia o imprecisiones en cuanto hace el quehacer científico auspicia que no se preparen creadores y gozadores de la cientificidad, ya no el único valor consentido.

Peña Nieto reclama que los estados aceleren “el paso para que sus estudiantes no queden rezagados”. Pero esta estimación no es admitida si no por el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación. El rechazo fundamental, no en todo, proviene de sus maestros de la CNTE, quienes se manifestaron callejeramente, contra la perspectiva encabezada por Emilio Chauyfett, responsable de la educación fundamental.

Los carteles de la CNTE, además de rechazar las reformas peñistas, se lanzaron a continuar con manifestaciones y expresaron rechazo de habla con el secretario de Gobernación. La división e insuficiencia magisterial prosiguen, y aunque los disidentes rechazaron mesa de diálogo e intentaron ocupar el Zócalo nacional, se les impidió. Avisan ahora que retornarán con sus acosos, pero exigen comparecencia de funcionarios de la SEP, del Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación, y del Servicio Profesional Docente.

Le “sacan” a que sean evaluados. Alegan que el calendario de evaluaciones atenta contra el magisterio —ya se sabe que hay miles de aviadores—. La disidencia no es escasa, los manifestantes fueron unos 5 mil maestros, según la Jefatura de Gobierno. Los contingentes identificados son de Veracruz, Oaxaca, Morelos, Michoacán, Estado de México, Guerrero, Distrito Federal, fueron los más señalados.

A pesar de iras, vocingleríos y despechos, no hubo violencias muy lamentables. Para adocenar la agitación, adjuntan otras reclamaciones justificables, como en los casos de Tlatlaya, Apatzingán y Ayotzinapa. También se meten en el lío de no votar en las elecciones próximas y a emplazar a huelga nacional.

No se supone ahora que estas inquietudes puedan ir muy lejos, en tiempos de violencias nacionales y jugueteos anarcoides. Está claro que no se puede precisar el poder permanente de quienes no aceptan ser evaluados en sus calidades docentes.