Vivir el día

Anarcócratas

“La sociedad está harta de sentirse vulnerable”, externó irritado Enrique Peña Nieto en el Encuentro Nacional de Procuración y Administración de Justicia. Sería más adecuado señalar que hay coincidencia de saberse vulnerables y vulnerados. En ciudades y barrios son los asedios.

El rubro para tipificar es el de anarcos. Pero sus arrojos, que no audacias, son delincuenciales. La denuncia del secretario de Seguridad Pública del Distrito Federal, Jesús Rodríguez Almeida, es grave y justifica represiones legales. Por más que las marchas suelen ser pacíficas y ordenadas, cautas, la infiltración es recurrente.

Los miles y miles de manifestantes que externan, demandan eficacia política y judicial, de rescate de desaparecidos, van desarmados. A su lado, al final de los conglomerados, asisten decenas de agitadores que pasan de voceos a la acción malvada. Encapuchados, beligerantes, gritan consignas contra los poderes federales y del gobierno de la Ciudad de México, sobre toda otra abominados.

“Todos los objetos que lanzaron contra la autoridad eran con la intención de matar… por supuesto nuestros policías se protegieron para salvar la vida, la integridad física… logramos restablecer el orden público conjuntamente con las autoridades federales”, sostuvo el secretario Rodríguez Almeida. Especificó que hubo un total de 31 detenidos. El pretexto y la causa admisible se centra en el caso Ayotzinapa, como motivo para callejear.

En Vacíos de poder en México, Edgardo Buscaglia da cuenta de la dramática crisis de seguridad que está arraigada en varios estados del país. Entiende las violencias extremas y la ya admitida crisis de seguridad. Reseña causa actuales y de fondo.

Así podría reconocerse como patente que se trata de un estado histórico, mexicano y del mundo, en el cual las convergencias analítica y críticas brotan de la certidumbre  fundamental (se subraya aquí) no plena que “genera enormes vacíos de poder institucional que allanan actores no estatales, que pueden presentarse como televisoras oligopólicas o empresas criminales trasnacionales, las cuales empiezan a transformarse en autoridades de facto, reemplazando al Estado mismo”.

“Violentos de siempre” son los indiciados como muchachadas y adultos de inconformidad y reclamos. La inseguridad es la emotividad y valoración de los acontecimientos tan repudiados como temidos. Ya se llegó al airado reclamo del “¡Ya basta!” expresado por grupos y carteles civiles, eclesiásticos y oficiales.

La verídica afirmación del secretario de la Defensa Nacional, Salvador Cienfuegos, es convalidada por la noción de que no se trata de problemas regionales, de clases sociales o de cárteles políticos o empresariales. “Dejemos de suponer que los grandes retos que enfrentamos como la inseguridad y el crimen organizados son solo culpa del gobierno, esa actitud poco abona… solo unidos podremos vencerlos, son problemas de Estado, no de gobierno”.

Cierto, pero el compromiso y necesidad mayor de los poderes estatales es la máxima seguridad posible. De manera que si el problema es de todos, el principal responsable es de gobiernos de toda alcurnia. Enrique Peña Nieto acota con frecuencia el mal mexicano más cruel y amplio: el de las violencias organizadas, de criminalidad ocasional o accidental.

Peña Nieto: “En un Estado democrático (parademocrático sería el mexicano, cabe decir. México no ha logrado democracia económica, política o escolar —la contradicción grave entre millones de personas con hambre, desempleo, ignorancias o definiciones políticas, no se conoce o maneja ni la Constitución política ni la de los derechos humanos internacional— ante enriquecidos que obtienen plutocracias, monopolios o donados a empresas extranjeras, como la de la minería de canadienses operando a saqueo batiente) es inaceptable la violencia cualquiera que sea su origen… rechazamos categóricamente cualquier intento por provocar alentarla”. México no está adolorido: sangra, teme, reclama. Así sea con marchas riesgosas, con provocadores. Son más los pacifistas, pacificadores y los hartos. Se llegó al colmo de arrebujarse en el Campo Marte y no poder recordar públicamente el 20 de noviembre. Otro hecho atroz, junto con el intento de quema en el Palacio Nacional. Sí, en Palacio Nacional.

Organizaciones civiles aferradas a la defensa, divulgación puntual informativa, cuidados diurnos y nocturnos, favorecen en evitar el peligro de histerias. Pero el trasfondo de desempleos, la ausencia de proyectos socioeconómicos diferentes, son empresas múltiples para encaminarse por otros rumbos y aminorar y paliar violencias. La pacificación es tarea que deberá de actuarse por muchos.

Y tiene razón el secretario de la Defensa cuando rechaza ataques infundados. Empero si hay colusiones, victimaciones, más de una para aclarar en definitiva. Así que en un mundo violentado en todas partes es menester que la atención, cuidado, denuncia, sean de ejercicio permanente. Sí, es menester el incesante cuidado con los poderes, el Judicial que mucho debe, el Legislativo que ha tenido repuntes insuficientes y el Ejecutivo, o los ejecutivos, en los estados todos de la República.