Vivir el día

“¡Aguas! La policía”

Fue renunciado el doctor en Derecho Jesús Rodríguez Almeida, sin que se sepa cabalmente la justificación de su dimisión obligada. Pocos jefes de policía, si alguno, se preparó tan a fondo para atender y encaminar un trabajo inacabable, de todos los días. La renuncia será enviada al presidente Enrique Peña Nieto para que, en definitiva, el asunto concluya.

No ha habido demandas para que se actuase el despido. Inevitablemente hubo lanzados que se fueron a todo dar para achacar males graves en la cotidianeidad de la vida civil en la capital de la República. Mauricio López, líder del PRI en el Distrito Federal: “Ha tenido (la ciudad) unos incrementos de violencia y de delitos en los últimos meses, particularmente de asesinatos, robos y secuestros, que no son tan atípicos como dicen”. Es que Miguel Mancera no reconoce que el crimen opera gravemente en la ciudad. El jefe de Gobierno no llama a las cosas por su nombre, acusa.

También se fue a la carga de reproches el presunto compañero de Mancera, Raúl Flores, quien habló de la prioridad del respeto a los derechos humanos. Es que no hay coherencia, mejora de los sistemas de prevención y énfasis a los derechos humanos. También le tupe Carlos Navarrete al cesado cuando estima que es acertado el despido. Dejan morir solo al doctor en Derecho por la Unitec, maestro en Ciencias Penales, especializado en Ciencia Jurídico Penal, capacitado por el FBI, y en agencias españolas, japonesa, en Colombia y en California School of Law.

Le concedieron tareas que hubieron de dotarle de vivencias fuertes concernientes a mandos y vínculos policiacos relevantes: secretario de Seguridad Pública en el DF, procurador General de Justicia, de Inteligencia, de secuestros y robos, director de Cereso en Ciudad Juárez, agente del Ministerio Público... por cargos no fue la cosa.

La “cosa” es que las querellas públicas sobrevinieron por sucesos acaecidos en el deslucido y amedrentado 20 de noviembre reciente. Con ejemplos de veracidad y de hipocresía, la policía local sufrió críticas por sus modos al cumplir con su cometido de evitar daños, a personas y negocios, lo cual se perpetró en los segundos, principalmente.

El “marchismo anarcoide” es acción abundante para manifestar enconos políticos, al igual que expresiones a lo loco por muchachadas de jóvenes abandonados y sin destino laboral y escolar firmes. Policías, los menos pero muchos, ejercieron detenciones arbitrarias, agresiones a civiles y violaciones de derechos humanos a detenidos. Constan audiovisualmente estos hechos, y también la violencia de manifestantes.

No admitió el jefe policial que se excedieron en el uso de la contención y represión, cuyos son sus deberes oficiales. Y fue cuando el funcionario dijo que se había restablecido el orden, que en efecto había sido alterado, “le guste a quien le guste”. No lo hubiera dicho, aunque sea verdad. La Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal —y también el jefe del cesante, Mancera— expresó su desacuerdo con esa declaración y así se anticipó la “corrida” del responsable Rodríguez Almeida. Ni las gracias le dieron por sus tareas.

“…he recibido la renuncia del secretario de Seguridad Pública…la haré llegar a la Presidencia de la República… haré llegar la propuesta (de relevo) al señor Presidente de la República”. Y allí concluye la empresa de Rodríguez Almeida. Un encargado de estos delicados esfuerzos con conocimientos de facto y de derecho. Es la aspiración para el relevo. Ha de haber algunos.

Incesante, ardua, muy mal pagada, es la “chamba” de una necesidad primaria. Sin policías no es posible la coexistencia civil. El orden establecido e impuesto, las leyes y reglamentos policiacos permiten que los habitantes de pueblos y ciudades convivan. Por miedo, algunos confianza, contando con el recurso de auxilio y defensas de fuerza oficial es como la gente sale a las calles, habitan sus zonas residenciales, los menos, y transitan y negocian a todas horas.

La agresividad urbana, la criminalidad nativa y trasnacional conllevan a la creación de fuerzas represivas. Las confrontaciones, las pobrezas y miserias, las ambiciones imbéciles, las locuras circunstanciales, las mil y una borracheras, el consumo de drogas de todo tipo, han forzado el incremento de vigilancias y aún el hecho creciente en todo el país, del empleo de fuerzas militares, Marina y Ejército.

En los días gravísimos que pasan en todo el país imponen la creación y ejercicios de miles y miles y miles de mexicanos que se agrupan para la autodefensa real y fingida. Y está claro que el marchismo callejero, en carreteras, instaura una etapa en las relaciones. Varios estados de la República se mantienen con la presencia de vicegobernadores.

Alarmados y amedrentados integrantes del Consejo Coordinador Empresarial le dijeron, cara a cara, a Peña Nieto de su preocupación por bloqueos carreteros e inseguridad en el país. Y piden la aplicación de la ley, hacer valer el estado de derecho. Así como ellos cumplen con pagar impuestos, remuneraciones adecuadas a trabajadores y empleados. Por eso no vacilan en que se cuiden sus oficinas, centros de trabajo, zonas residenciales, lugares de recreo, aeropuertos…