Cortando rábanos

Entre la tolvanera

“Bienvenidos a Torreón, donde la mano del hombre hace florecer al desierto” se leía en la puerta de la ciudad. A los siete años yo podía sentirme orgulloso de formar parte de esa gran mano colectiva que hacía brotar hipotéticos jazmines y girasoles de entre las dunas. Han pasado treinta años, y La Laguna es un importante bastión industrial, famoso en el mundo por su gente trabajadora… y por ocupar el número 18 de la lista de ciudades más inseguras del planeta. A aquel Torreón de mi niñez, ya sólo el tren de la memoria me lleva. Brindo por los dos Torreones: por aquel que ya no está y por el de hoy, para que la vida en el desierto sea cada vez mejor. 

Mi infancia fue una pelotade beisbol en la loncheraun trompo, un resorteray alguna ventana rota.Una rana de mascotael lápiz y el bicolorlas visitas al doctory una canción de Cricrí,la infancia fue para míla idea de un mundo mejor

Tiempos en que una valijaera “el cofre del tesoro”y con un bote de clorose armaba un tirabolijas.Correr tras las lagartijaslevantando polvareday una tarde en la Alamedabebiendo agua de raíz:rastro de un tiempo felizque en la memoria se queda
Hoy Torreón es muy distinto:donde antes había nopaleshoy hay centros comercialesconformando un laberintode concreto. Es un recintode la industria ganaderapero entre la tolvanerade los años y los días las liebres, en Galerías,perdieron su madriguera
Conviven, como si nada,oveja y lobo feroz,Pancho Villa, Mario Bros,cuerno de chivo y granada:es la voz desenfrenadade la globalizaciónentre tanta confusióny entre tanto desatinopresiento que mi destinoes una interrogación. 


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