Articulista Invitado

¿Sobrevivirá Ucrania a Putin?

El país recordará que su debilidad e indecisión invitaron la agresión de Rusia, pero también que este trágico episodio fue un parteaguas en su construcción de nación y Estado.

Un prolífico analista de Europa del este opinó que Ucrania le recordaba a una mujer abusada por su pareja durante años, y que tan baja tiene la autoestima y tan confundida se encuentra por tanto tiempo de victimización física y psicológica, que ya no tiene el valor para entender en qué situación está ni hacer algo al respecto.

Esta metáfora me ha ayudado, inconscientemente, a entender a aquel pobre país desde su inesperada independencia en 1991, durante su no muy estelar desempeño y las últimas convulsiones internas y provocaciones por su abusiva pareja del este.

¿Cómo es que Rusia, a plena luz del día, esta armando, financiando y alentando a grupos armados en un país soberano europeo? Por lo general, para contestar dicha pregunta nos centramos en Vladimir Putin y sus motivaciones. Pero también hay que ver por qué Ucrania es un blanco fácil y no algún otro país de similar tamaño o estatus en los mapas mentales imperiales del Kremlin —por ejemplo, Polonia.

Ucrania sufre de confusión civilizacional y geopolítica, que resulta en divisiones internas y debilidad de su Estado. Ucrania tiene una frágil imagen nacional, dado que gran parte de la población campesina y su pequeña intelligentsia (clase pensante) fue diezmada por los imperios ruso y soviético, además de las dos guerras mundiales, dada su ubicación entre Rusia y Alemania. Grandes extensiones al este del país fueron pobladas durante siglos por rusoparlantes. Contrastemos esto con su vecino y pariente Polonia, que pese a su trágica historia tiene bien definido su carácter y lo que el intelectual Adam Mickiewicz llamaba “la idea polaca” (en contraste a la “idea rusa”), que fue capturada por Stalin cuando dijo: “El comunismo le sienta a Polonia como una silla ecuestre le sienta a una vaca”.

Cuando tuvieron su oportunidad, en 1989, los polacos eligieron a las fuerzas anticomunistas (Solidaridad) en todos los escaños (menos uno) del nuevo Parlamento, formaron un gobierno democrático que adoptó reformas radicales para descomunizar la economía y crear una de mercado e, inmediatamente, comenzaron el arduo proceso de ingreso a la Unión Europea y a la OTAN, cimentándose así en Occidente. Su política de seguridad nacional también reflejaba el rompimiento con el viejo amo imperial, al crear un verdadero ejército y cooperación de inteligencia con Washington.

En contraste, los ucranianos se unieron nada más en torno a votar por la independencia de la URSS, pero dejaron al mismo líder comunista (Leonid Kravchuk) como presidente, quien dejó la economía soviética casi igual (excepto por las privatizaciones baratas a sus amigos y compinches políticos), y con tenues acercamientos a la UE y a la OTAN. El candidato que luego derrotó a Kravchuk, Leonid Kuchma, prometía un mayor acercamiento con Rusia. Como resultado, Ucrania casi no ha crecido económicamente, no creó fuerzas militares efectivas (su ejército es minúsculo y paradójicamente basado en las viejas bases soviéticas, al occidente, donde menos se necesitan ahora), y una masiva corrupción por parte de políticos y nuevos oligarcas. Nunca creó una contrainteligencia propia, dependía de los servicios secretos “fraternales” en Moscú.

El resultado más obvio y contundente de estos dos distintos caminos tomados por Polonia y Ucrania es la vulnerabilidad a agresiones extranjeras (o sea, rusa). Este comparativo resulta como el “Caso A” de cómo la definición civilizacional tiene consecuencias contundentes en la seguridad nacional.

A pesar sus intentos, el Kremlin no ha podido desestabilizar a Polonia. Luego del colapso del comunismo en ese país, los servicios secretos rusos (la FSB, antes KGB) fondearon al partido comunista para que se reinventara como el Social Demócrata y se posicionara para ganar alguna elección.

Esto ocurrió en 1993, mas el partido no canceló la reorientación de Polonia y concluyó su ingreso a la OTAN, y luego a la UE junto con sus opositores liberales, con los cuales alternaron el poder. Gracias a su formal membresía en la OTAN y sus relaciones con EU, Polonia no ha sufrido importantes medidas militares de Rusia. Patéticamente, Putin acaba de decretar una veda de manzanas polacas en Rusia, a la cual respondieron los polacos con una campaña para comer dos manzanas al día.

Ucrania es otra historia. Cuando se independizó inesperadamente, solo había unos diez millones de ucranianos en el país (en su gran mayoría en la parte occidental) de una población de casi 50 millones. A los demás se les clasifica como homo soviéticus, sin gran conciencia nacional, sin mayor capital cívico y, por la adversa situación económica, con la singular meta de supervivencia individual. Un sovietólogo canadiense escribió en aquella época que Ucrania tenía escasos años para atravesar el siglo XIX, cuando las naciones se empezaron a definir. Esto fue cambiando gradual y silenciosamente con Ucrania despertando de su sopor soviético. Para 2005, ya había unos 20 millones de ucranianos de una población de 45 millones (unos 5 millones habían emigrado, principalmente a Polonia). Una nueva generación ya se definía en torno a Europa. Las elecciones presidenciales reflejaban una continua división interna. Los partidos reformadores ganaban abrumadoramente en las provincias occidentales y los partidos resistentes al cambio (Regiones y Comunista), en el este y Crimea. La parte central, disputada por ambos. La figura de Viktor Yanukovych es una parodia de esta esquizofrenia. Luego de un intento de fraude en 2004, se hizo presidente en 2010 y, aparte de construirse mansiones y hacer billonarios a sus secuaces, obedeció órdenes directas del Kremlin de reprimir a su gente y a las instituciones.

El derrocamiento de Yanukovych en febrero pasado, reflejó un “hasta aquí” de la Ucrania cívica, pero también expuso sus profundas fallas tectónicas civilizacionales. Sin embargo, el gobierno interino, puesto por el parlamento, parecía, por fin, reinventar a Ucrania como habían hecho sus vecinos al occidente 20 años antes.

Sin embargo, algunas élites del este del país, la base (colectivista, clientelista, corporativista) de Yanukovych (prófugo en Rusia) y su régimen, no apostaban a reformas radicales con las que verían una disminución de su poderío extralegal y un reto mortal a sus monopolios y oligopolios. Estas fuerzas encontraron causa común en Moscú para desestabilizar a Ucrania y así obligar al gobierno reformador a diluir su proyecto de cambios y extender concesiones a dichas élites, con tal de salvar al país. Mientras, Rusia invadió Crimea y comenzó su trágica aventura en el Donbass.

Europa y EU, aparte de la retórica, no han hecho casi nada para castigar al Kremlin y a sus aliados corporativistas (Rosneft, Gazprom, Sberbank, etc.) cercanos al régimen de Putin.

Putin, sin embargo, calculó mal al pensar que sería fácil provocar un frenesí social en el Donbass, que terminaría declarando su independencia. Algunos meses después y a pesar de varias bajas militares y la ayuda de Rusia a dichas fuerzas irregulares, la gente común en el Donbass no se ha sublevado en masa (más por su tradicional miedo y apatía que por sus ideales) y las fuerzas del orden ganan las batallas. Ucrania sostuvo exitosas elecciones presidenciales democráticas (a diferencia de Rusia), y está planeando comicios parlamentarios. Es casi seguro que la nueva Rada Suprema (Parlamento) esté dominada por los partidos pro reformas y pro Europa.

El logro más contundente de la intervención rusa ha sido, como dijo un analista, “ganar Crimea para perder Ucrania.” Lejos de colapsarse, Ucrania está más unida que nunca y con una mejor idea de adónde va. Una encuesta del instituto Razumkov indica que más y más ucranianos están optando por Europa y no por Rusia, y hasta por ingresar a la OTAN. El balance entre Rusia y Europa que sostenía Ucrania está roto a favor de la UE por la agresión del Kremlin.

Aunque lejos de ser otra Polonia, Ucrania está luchando por su derecho a sobrevivir como nación soberana. Se dice que la guerra civil de EU (1861-65) convirtió a ese país en una nación. Similarmente, Ucrania recordará que su debilidad e indecisión invitaron la agresión de Rusia, pero también que este trágico episodio fue un parteaguas en su construcción de nación y Estado.

La sufrida mujer, si sobrevive a esta última golpiza de su ex pareja, está lista para, por fin, empezar una vida con alguien que la respete.

*Sovietólogo (Harvard) y fundador de la revista académica “Demokratizatsiya”, con sede en Washington.