El voto por la izquierda

Rebotar a la izquierda

 

México y la izquierda parecen dos imposibles. Resulta difícil de creer que mientras la desigualdad avanza, la izquierda partidista retrocede. En el centro de dicho retroceso prevalece la mezquindad de sus principales promotores, comandados por el Partido de la Revolución Democrática y por la ficción llamada Morena.

El PRD vive la peor de sus crisis de identidad. Respaldó la reforma fiscal que ha golpeado directamente en los hogares de los mexicanos, pero se opuso a la energética, que presuntamente disminuirá los precios del gas y la luz, que benefician nuestros bolsillos.

Permite que le tundan un día sí y otro también a Miguel Mancera, pero hicieron hasta lo imposible por salvar al malnacido Ángel Aguirre. Permiten que personajes como Cuauhtémoc Cárdenas se desdibujen al interior del partido, pero hacen consejera nacional de dicho instituto a María de los Ángeles Pinedo, la Reyna de Iguala.

Pero en Morena no cantan mal las rancheras. Su prístino líder, el Mesías inmaculado, Andrés Manuel López Obrador, es rico en contradicciones y, últimamente, en deslindes.

AMLO es rey de la opacidad. Defenestra las instituciones pero estira la mano para recibir financiamiento público. Desprecia la crítica y desconoce la autocrítica. No escatima en reducir a sus aliados a comparsas del poder, como el reciente caso de la revista Proceso, si se atreven a cuestionarlo.

Cuando fue jefe de gobierno se deslindó de René Bejarano y sus ligas. Se deslindó de Carlos Ahumada, el empresario caído en desgracia. Se deslindó de su secretario de Finanzas y su modesta afición por las apuestas en Las Vegas. Ahora se deslinda de Luis Mazón, su operador político en Guerrero, a quien ungió como secretario de Salud con el asqueroso Ángel Aguirre, con quien se tomó al menos, una simpática fotografía. 

Eso es irresponsabilidad y cobardía, propia de un narcisista.

En México, la izquierda partidista es un recurso literario. Nutre el imaginario colectivo con anacronismos. Empuña banderas que termina por caricaturizar. Sirve para dibujar el contorno de un animal mitológico que, presuntamente, se sitúa en la antítesis de la derecha. 

En contraste, los movimientos encabezados por jóvenes a lo largo y ancho del país, hacen resurgir una esperanza por la izquierda.

Hay un resurgimiento social que ocurre al margen de los partidos. Que surge desde la rabia y del ‘ya no más’. Pero si la izquierda organizada no hace algo de fondo para remediar sus contradicciones, estos movimientos y esta fuerza ciudadana que hoy se están gestando, no tendrán en quién depositar su principal arma para cambiar la realidad: el voto por la izquierda en el 2015.

 

franklozanodelreal@gmail.com