El salario mínimo

En México, el salario mínimo representa una ofensa máxima. En diciembre del año pasado, el senador Armando Ríos Piter, del Partido de la Revolución Democrática, urgía al presidente del Senado a hacer la declaratoria del cambio constitucional en materia salarial, que corresponde a la desindexación del salario, de más de cien leyes.

En la propuesta del Partido de la Revolución Democrática, se planteaba para el año en curso un salario base de 86.3 pesos, contra los 73.04 que aprobó la comisión de salarios, para, en un lapso de seis años, llevar el salario mínimo a 171 pesos.

En febrero del año en curso, Agustín Basave, presidente nacional del PRD, anunció el comienzo de una campaña nacional para modificar la manera en que se fija el salario mínimo en nuestro país y de paso, anunciar que, además del incremento planteado a seis años, era necesaria la desaparición de la Comisión Nacional de Salarios Mínimos.

Seis meses después de haber comenzado esta discusión en el país, ayer, el gobernador del estado, se sumó a la medida. Llamó a mejorar el salario y a buscar la equidad e igualdad de género, en beneficio de las mujeres trabajadoras.

Su llamado, como suelen ser los llamados de los que llegan tarde, fue para todos y para nadie. No se sabe si es la postura de su partido, que, dicho sea de paso, se ha empeñado en mantener las cosas como están.

No se sabe si el mensaje fue para los sindicatos, —con líderes corruptos, enriquecidos a golpe de cuotas, verdaderos vampiros de los trabajadores y de los recursos públicos— que históricamente le han hecho el trabajo de control político al PRI, con los trabajadores. O si el llamado fue para los grandes empresarios, a los que la Secretaría de Hacienda perdona miles de millones de pesos en impuestos y quienes a su vez, sobornan a los de por sí corruptos líderes sindicales para mantener las cosas en paz.

Sobre la equidad de género, que no paridad, el gobernador no predica con el ejemplo, de dieciocho dependencias estatales, sólo tres mujeres son titulares de dependencias. Quizá don Héctor Pizano pueda comenzar su diagnóstico con el gobierno del estado. Se llevaría grandes sorpresas.

Los llamados, como los que hace el gobernador no le sirven a nadie. Las medidas concretas, sí. Los mexicanos esperamos de los representantes propuestas tangibles, no discursos festivos. La validez de una posición política la determina la congruencia, en el caso de Jalisco, no la hay, lo que hay, es lo que siempre ha habido: tristes rituales de simulación.

franklozanodelreal@gmail.com