La era naranja

Comenzó la era de los gobiernos naranjas en Jalisco. El principal desafío de Movimiento Ciudadano es darle contenido al cambio. Si hay una palabra que ha perdido significado y sentido es, precisamente, la de cambio.

En Jalisco y en México, el cambio no pasó de ser una mera alternancia. El PAN, otrora depositario de la esperanza ciudadana, se desdibujó hasta convertirse en una horrenda versión de su antítesis, el PRI.

Con el regreso del PRI al gobierno del estado y al gobierno federal, la alternancia se volvió un regreso al pasado. El nuevo PRI, solo fue nuevo en la superficie. Su regreso ha sido una verdadera pesadilla que se ha reflejado en el retroceso a los derechos humanos, la ausencia de transparencia y el control y manipulación de la información.

Las primeras señales del cambio se reflejan en el diseño institucional. No se pueden romper las malas prácticas de gobierno, si no se rompen los modelos que las permiten.

La creación de un nuevo organigrama o una nueva organización en los municipios metropolitanos, va más allá de un mero reacomodo de funciones: traduce en un nuevo reglamento y en una nueva estructura el entendimiento que se tiene de la gestión de gobierno, dando como resultado un modelo de gestión de la ciudad y de lo público.

No sólo se trata de reorganizar la operatividad de un gobierno, sino de darle una intención, un sentido, una dirección. Al compactar las áreas del gobierno, éste se vuelve más ligero y más certero. La aplicación de los recursos se concentra y se puede tener un mayor impacto en el gasto público.

En segundo lugar, en el orden simbólico, los gobiernos de movimiento ciudadano promoverán prácticas democráticas y de participación ciudadana que, gusten o no, sean polémicas o no, abrirán la brecha para la formalización de los derechos democráticos de los ciudadanos. Hablamos de presupuestos participativos, de ratificación de mandato y de una nueva relación con la sociedad.

Finalmente, se comenzará a poner sobre la mesa una visión metropolitana. Si bien, este tema requerirá mucho trabajo y mucho consenso, la apuesta por ver, entender y gestionar la ciudad desde una visión metropolitana, permitirán cubrir los vacíos que las fronteras municipales han creado por obra y gracia de la inercia.

Temas sustanciales como la seguridad, la movilidad, la promoción de la ciudad, la homologación de los reglamentos, el crecimiento ordenado y la aplicación de normas homogéneas, conducirán tarde o temprano a tener un nuevo modelo de ciudad.

La apuesta ahí está, el capital democrático y social para impulsar los cambios, también. Falta ver los resultados.

 

franklozanodelreal@gmail.com