No es inseguridad, es terror

En materia de seguridad, de lo único que los ciudadanos podemos estar seguros, es que nos sentimos inseguros. De los delitos del fuero común, a los homicidios, hoy se añade una nueva modalidad: el secuestro de mujeres y robo de niños.

El periódico digital, Proyecto Diez, se dio a la tarea de buscar y entrevistar a las víctimas y recabó tres testimonios sobre lo que les pasó. Pese a ello, unos dicen que son rumores. Otros, aceptan la existencia de denuncias. Pero al parecer, hasta el momento no hay una estrategia definida para abordar el asunto.

El tema del secuestro o intento de secuestro de mujeres y niños, tiene los ingredientes necesarios para situarse muy cerca de la noción de terror. Sea lo que sea, la reacción social en las redes y plataformas digitales no se ha hecho esperar. El termómetro social registra un aumento de la temperatura y no precisamente por la llegada de la primavera.

Ante la situación, ha emergido una tímida respuesta ciudadana: difundir los hechos. Paradójicamente, el costo de informar y formar conciencia por cuenta propia, podría conducir a la paranoia y a la psicosis social: al terror.

¿A dónde nos lleva esto? Lo ignoro. Pero el hecho exhibe un vacío de comunicación entre autoridades y ciudadanos. La respuesta social, denuncia una carencia de información veraz y de certidumbre. La reacción y conductas ciudadanas, reflejan la falta de acuerdo respecto al modelo de seguridad que necesita la ciudad.

El miedo se está volviendo un actor social. El miedo se está convirtiendo en el mensaje y en el mensajero. Pero el miedo, también puede llevar a la ruptura del orden y la sustitución de las instancias de justicia.

Las autoridades de todos los niveles de gobierno deben entender que para el ciudadano, las estadísticas en materia de seguridad no dicen mucho, aunque para ellos, a veces sean un gran consuelo. De igual forma, deben entender que se está llegando a un límite de tolerancia. Las mujeres y los niños, son símbolos, representan en el imaginario social vida y esperanza.

Los políticos son los primeros que piden que no se politice el tema de la seguridad y son los primeros en politizarlo al echarle la culpa al otro. Los tiempos de los ciudadanos, no son los tiempos de los políticos, ese desfase, más temprano que tarde, terminará por revertirse. La inteligencia y la creatividad, no parecen estar del lado de quienes conducen la seguridad pública, no hay cambios sustanciales en la forma, ni en el fondo.

Lo que los ciudadanos comenzamos a sentir, ya no es sólo inseguridad, es terror y quizá eso sea lo más grave de todo.

 

franklozanodelreal@gmail.com