El fin de las hegemonías

A Zaira, Martha y Eugenio Ruiz

Orozco

Este fin de semana se cerraron dos capítulos de la historia de la ciudad y del estado, que darán paso a una nueva ciudad y un nuevo estado. El primero, el fin de la hegemonía de una visión social, la del matrimonio exclusivo entre heterosexuales, con la primer boda entre personas del mismo sexo. El segundo, la hegemonía de un grupo sobre un bien público, el Atlas, con la entrega formal del manejo del equipo al grupo Azteca.

Sobre el primero hay mucho que decir, comenzando por el simbolismo de una boda. La unión entre dos personas, es el marco perfecto para hablar de futuro, en este caso, el futuro de una nueva sociedad.

El matrimonio entre Zaira y Martha, nos reinventa. Es el inicio de un nuevo capítulo que se suma a diversas conquistas impulsadas desde la sociedad, que tienen que ver con la defensa del espacio público, la cultura y la movilidad. En síntesis, tiene que ver con una agenda de transformación cultural, política y social donde los actores primordiales son ciudadanos.

El primer matrimonio entre personas del mismo sexo, es el equivalente a una refundación de la ciudad: una social y cultural. Levanta un muro simbólico contra la discriminación y el odio. Nos emplaza a nuevo entendimiento social y a una convivencia basada en el respeto al otro en su diferencia, contraria a la que solía basarse en la ignorancia, y que hasta hace poco, provocó el miedo y el rechazo al otro, al diferente.

Respecto a lo segundo, la venta del equipo de futbol Atlas, es un sueño largamente acariciado por muchos. Lo fundamental de este hecho es que se preserva para la ciudad un bien público.

El Atlas es parte del patrimonio de la ciudad, de su identidad e historia. Con su venta, se cierra un capítulo del futbol mexicano. El Atlas fue el último equipo del futbol mexicano administrado por una A.C. Esa característica, que lo mantuvo blindado de una visión meramente comercial, fue también su perdición: el Atlas se volvió una suerte de agujero negro que se devoraba a sí mismo.

En ese sentido, nadie puede ni debe escatimar la visión de su último presidente, Eugenio Ruiz Orozco. Su labor de convencimiento y sus habilidades políticas, fueron claves para sensibilizar a un grupo, complejo y difícil, como el de los entonces accionistas del Atlas. Pasados los años, será debidamente reconocido por haberle dado al Atlas viabilidad de futuro.

Este lunes, la ciudad y el estado amanecerán de forma distinta. Hay que celebrarlo.