De la ficción a la realidad

Más temprano que tarde, la estrategia del gobierno federal en materia de seguridad se resquebrajó. Hace dos años el gobierno federal imaginó que el país se iba a pacificar controlando los medios. El ejecutivo federal le apostó a sacar de la agenda presidencial el tema de la seguridad para construir una ficción, a la usanza de Carlos Salinas, en la época en que se discutía el tratado de libre comercio. Luego vino el zapatismo y los crímenes de estado.

Para el presidente Peña Nieto, la ficción fue el Pacto por México y los trucos, las reformas. Pasó de ser el estadista y el líder político que concitó a todas las fuerzas políticas en torno a una visión de país, a ser un jefe de estado débil, errático, atrapado en una bola de mierda que cada día crece más.

Conforme se ahonda y profundiza en la matanza de Ayotzinapa, va quedando al descubierto que hubo alertas y señalamientos directos por el proceder del gobernador de Guerrero, así como del hoy prófugo presidente municipal de Iguala.

Y en eso van embarrados muchos. Desde el Partido de la Revolución Democrática, así como el paladín de la lucha social, Andrés Manuel López Obrador, o el ex presidente del PAN, Gustavo Madero, quién intercedió para que el candidato del PAN declinara a favor de Aguirre. 

Si bien, el problema del crimen organizado es un tema que toca a todos los niveles de gobierno, la responsabilidad sobre el tema es del presidente Peña Nieto. Es responsable por omisión. Junto con él, son responsables directos su secretario de Gobierno y su procurador general de la República.

Estos señores, decidieron por el bien de México que ya no se hablara más de la inseguridad. Que los medios le bajaran al tono de las notas. Estos señores prefirieron apelar a la desmemoria de los mexicanos en vez de asumir su responsabilidad constitucional y hacerle frente a la delincuencia.

Estos señores, cambiaron la realidad por una ficción y hoy esa ficción se desmorona y la realidad, cruda y fría, vuelve a ocupar su lugar, ya no solo en los medios nacionales, sino también, en los medios internacionales.

Las movilizaciones sociales no deben parar. Hoy se trata de 43 estudiantes desaparecidos, pero la meta es movilizarnos por los más de 20 mil desaparecidos que hay en México. Por las fosas y fosas que cada día se abren y dejan al descubierto el país real, por encima de la ficción que nos quieren vender.

 

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