La clásica violencia: Estadio de sitio

La violencia en los estadios de futbol ha sido un tema suficientemente comentado y discutido durante las últimas dos décadas. Es también un problema exclusivo del futbol: nunca se ha visto una pelea en un partido de beisbol o en una competencia de tenis.

Además de ser un problema casi exclusivo del futbol es un fenómeno global. Los clubes y federaciones de futbol han enfrentado el asunto desde la concientización. Campañas de prevención de la violencia en los estadios son ampliamente difundidas por todos los medios y por los propios equipos de futbol, no obstante, hechos violentos siguen ocurriendo.

Tristemente, el cerco de las evidencias se cierra sobre las barras de animación de los equipos, como las principales fuentes de violencia en las tribunas. Y digo tristemente porque es un verdadero show ver una barra en acción. La energía de una barra se traduce en un clima del cual se alimenta la pasión por el futbol, pero la pasión por el futbol no puede más ser el pretexto para la agresión y para las conductas antisociales.

El sábado en la noche en el estadio Jalisco las víctimas fueron los policías. Podríamos y deberíamos hacer análisis sociológicos respecto a lo que pasó, sin embargo, lo urgente es resolver las preguntas básicas ¿Por qué hubo sobrecupo? ¿Quién permitió el ingreso al estadio de bengalas? ¿Quién supervisa los controles de seguridad en los accesos al estadio? ¿Quién permitió que la porra del Guadalajara se ubicara en una zona donde está prohibido que se ubiquen los grupos de animación? ¿Qué hace el Club Guadalajara para controlar e identificar a sus barras?

Quizá sea hora ya de llevar la discusión sobre los grupos de animación a otro nivel. Está demostrado que la presencia de las barras está ligada a la generación de hechos violentos. Resulta por demás evidente que las autoridades municipales no pueden garantizar la seguridad de los asistentes, ni de los propios miembros de la policía, a pesar de los enormes esfuerzos o del número de policías en los estadios.

Es claro que las campañas que buscan frenar la violencia y concientizar a las barras no han logrado hacer que las barras de animación se alejen de las expresiones violentas. Es innegable que los clubes no pueden controlar a sus porras, y que por más que los identifiquen, no pueden hacer nada frente a una persona violenta.

Para que la violencia en los clásicos o en general en el futbol, no se vuelvan un clásico de la violencia, hay que acabar de raíz con el problema.

franklozanodelreal@gmail.com