Tristeza

Hay un abismo entre tus muertos y los míos

 

Cuarenta y tres jóvenes desaparecen en el municipio de Iguala, Guerrero. Días antes, veintidós jóvenes son masacrados por elementos del ejército en una bodega del municipio de Tlatlaya, en el Estado de México. En este mismo mes, se da el levantón y ejecución a plena luz del día de un diputado federal del PRI, en Tlaquepaque, Jalisco.

Estos tres hechos revelan tres fenómenos recurrentes en la vida pública nacional. El primero, la fragilidad institucional. En Guerrero el Estado no solo está fallando, exhibe un nivel de cinismo como en ningún otro lado.

Lo ocurrido en el municipio de Iguala desafía la noción de civilidad, es la barbarie absoluta. El símbolo de dicha barbarie tiene nombre, se trata del normalista desollado, Julio César Mondragón. Su sola muerte valdría guardar un luto nacional. La forma en que este joven ha muerto, rebasa la comprensión humana y debería provocar en el Estado mexicano una reacción ejemplar.

El segundo, un retroceso en materia de derechos humanos, o bien, el retorno de prácticas dictatoriales de supresión y desapariciones forzadas, que se presentaron hace décadas, cuando el PRI era el partido hegemónico nacional.

Lo sucedido en el municipio de Tlatlaya, independientemente de las actividades ilícitas que se presume practicaban los jóvenes en cuestión, cuestiona el estado de derecho y desdice los tratados internacionales firmados por el Estado mexicano en materia de derechos humanos.

En tercer lugar, la muerte del diputado federal del PRI, Gabriel Gómez Michel. Si a plena luz del día se puede secuestrar a un diputado federal ante las cámaras de vigilancia, quiere decir que la impunidad y la inoperancia de los cuerpos policiales está a la orden del día. Frente a las imágenes del secuestro de diputado, cualquier ciudadano se debe sentir justificadamente inseguro. No hay ni habrá bienestar mientras exista inseguridad.

La fragilidad institucional, la regresión autoritaria y la impunidad, tienen al país de rodillas. Podrá el Presidente Peña Nieto, así como los gobernadores de Guerrero, del Estado de México y de Jalisco presumir sus políticas y lo que consideran sus logros; lo cierto es que hoy la sensación que tenemos los mexicanos es de una profunda tristeza por los hechos que, día con día se suscitan en el país.

No se ve en el horizonte una acción social coordinada; golpe a golpe, la sociedad tiende a enconcharse. Pareciera que los ciudadanos hemos decidido abandonar a las autoridades y ver desde lejos, la degradación de la vida pública. Y ese, es otro de los males porvenir.

 

franklozanodelreal@gmail.com