Política coctel

Desglósame ésta

 

Para quienes creen que Jalisco alcanzó la cúspide democrática por la realización de una glosa ciudadana, la respuesta es no. El ejercicio, limitado en su formato y acartonado en cuanto la representatividad social y de nula representación regional, le sirvió solo a una persona: al gobernador del estado.

No dudo de la buena voluntad de quienes aceptaron la invitación a participar; lo hicieron de frente, desde su nombre e historia. La mayor parte de ellos, con anterioridad habían participado en distintos foros, ciudadanos o de gobierno. 

No obstante, fueron parte de una estrategia y de un discurso bien calculado. Primer acto, sale el gobernador a escuchar críticas, segundo acto, sale el gobernador a aceptar las críticas con actitud humilde y tercer acto, el gobernador no se para en el Congreso, ¿cómo se llamó la obra?

Cuando las apuestas se quieren llevar a fondo, se formalizan, se norman y sobre todo, se miden. Otro gallo cantaría si la agenda pública de Jalisco se abriera, si las decisiones importantes se tomaran con la sociedad, sistemáticamente. Cosa que no sucede.

Supongamos que la glosa ciudadana parte de ese principio: democratizar, deliberar, ¿qué pasa si el ejercicio mejora su formato, escala en la representación social, se abre al nivel municipal (Jalisco tiene más de seis municipios), se vuelve cíclico, anticipa la agenda y permite diseñar planteamientos de mayor profundidad? Pues pasa que se vuelve, entonces sí, un ejercicio democrático inédito, un diferenciador político de fondo y sobre todo, un acto de verdadera gobernanza.

En la medida en que el gobierno, sea cual sea su nivel, anteponga el altísimo interés de salvaguardar la imagen de un gobernante por encima de los ejercicios de fondo, y que la política coctel prive sobre la verdadera transparencia y rendición de cuentas, tendremos actos de simulación, e ingenuos en vías de ser ilusos.

El reto que le queda a la sociedad, especialmente a quienes pusieron su nombre, su tiempo y su honestidad en participar en la glosa ciudadana, es dar el siguiente paso y exigir que la deliberación sea una regla y no una excepción. Y que esa deliberación alcance también, obligadamente, a las instancias formales. Debería ser una práctica cotidiana la comparecencia de funcionarios ante el Congreso, ese diálogo no ocurre.

El diálogo entre poderes es tan necesario y hoy por hoy, se da desde una relación inequitativa en la que, el ejecutivo del estado controla al poder legislativo y al judicial a golpe de presupuesto. Esto, nada más para que comencemos a hablar de democracia, hay que corregirlo.

franklozanodelreal@gmail.com