Planes parciales: decisión ciudadana

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La revisión de los planes parciales de desarrollo es uno de los pocos espacios donde los ciudadanos tienen en sus manos el destino de su comunidad y de su ciudad. Durante el mes de septiembre, el Ayuntamiento de Guadalajara someterá a revisión estos instrumentos para el desarrollo de la ciudad.

La revisión es una gran oportunidad para democratizar la toma de decisiones. No obstante se trata de un proceso complejo.

Parte del éxito de la revisión de los planes radica en que logre integrar al menos cuatro cosas: Qué es lo que quieren los residentes de determinado distrito; qué es lo que dicen los técnicos; qué es lo que necesita la ciudad y, finalmente, cómo es que, eso que necesita, se inserta en una lógica metropolitana. Armonizar estos tres elementos es quizá el reto más importante que enfrenta la planificación de la ciudad y por tanto, su desarrollo.

Los tapatíos suelen ser formidables opositores de muchas cosas, entre esas cosas, se encuentra la verticalización de la ciudad. El tapatío promedio aún cree en la utopía del jardincito; le tiene fobia, más que a los edificios altos, —o junto con estos— a la idea de convivir y consensar con los vecinos.

El crecimiento vertical es necesario y urgente. Guadalajara está pasando por una lenta pero provechosa transformación cultural que a mediano plazo puede modificar muchas de las prácticas que hoy la asfixian y que tienen que ver con la movilidad y el uso de suelo.

El transporte público se está renovando y ampliando; la movilidad no motorizada ha ganado espacios físicos y también dentro de las políticas públicas. Estos elementos, combinados con una ciudad compacta, vertical, con usos de suelo mixto, pueden detener el deterioro en la calidad de vida al que nos ha empujado el modelo de ciudad extendida.

Este cambio cultural es una circunstancia única para repensar cómo vivimos, dónde consumimos y cómo nos trasladamos. La ciudad no se puede dar el lujo de seguir expulsando habitantes, así como la zona metropolitana no se puede dar el lujo de expandirse más.

Ojalá el proceso de consulta sirva también para hacer un proceso de revisión en el que, más que la autoridades, sean los ciudadanos quienes entiendan y dimensionen que lo que se está jugando es la viabilidad misma de Guadalajara. La pregunta pues, es: ¿Qué tipo de ciudad legaremos a nuestros hijos y a nuestros nietos? ¿Una compacta, ordenada y práctica, o una extendida, costosa y ambientalmente fallida?

 

franklozanodelreal@gmail.com