LXI legislatura

Con el inicio del mes de noviembre, se renovó el Congreso del estado. La correlación de fuerzas pone a Movimiento Ciudadano y al PRI, como los partidos dominantes de esta nueva legislatura, seguido por el PAN, el PRD, el Partido Verde y el legislador independiente, Pedro Kumamoto.

La cosa es que entre que son peras y son manzanas el Congreso entrante hereda el desgaste de un poder que tendría que ser el cerebro del desarrollo en el estado. Si el poder legislativo asumiera cabalmente su rol de contrapeso del poder ejecutivo, otro gallo nos cantara. Contrapeso no significa cerrazón. Contrapeso no significa obstrucción. Contrapeso significa corresponsabilidad y la corresponsabilidad se finca en la construcción de acuerdos que tengan como fin último, el desarrollo del estado.

Ciertamente, para construir se necesita talento e inteligencia. Cuando no hay talento e inteligencia, en vez de acuerdos existen complicidades. Las complicidades terminan por ahorcar la credibilidad de las instituciones y sobre todo, de la democracia.

La designación de Tomás Figueroa Padilla como enlace con el poder legislativo, es una señal de que el gobierno de Jorge Aristóteles Sandoval, privilegiará la política y el diálogo. Es una señal de que el gobernador entendió el mensaje en las urnas. Es una señal de que tendrá ojos, oídos y voz de forma permanente en el Congreso y que por ende, los legisladores serán escuchados.

Lo que francamente es una burla, es el nombramiento como presidente del Congreso, de Enrique Aubry. Aubry representa al Partido Verde y el Partido Verde representa mentira, corrupción, prostitución política, arribismo, cinismo, violación de la ley, compra de votos.

Cada tres años, los ociosos nos preguntamos: ¿Qué tipo de Congreso será este? La figura del diputado se encuentra en la escala más baja de lo público. El símbolo de esta afirmación, bien podría ser Carmen Salinas. Muchos deseamos que la figura del legislador tenga en Pedro Kumamoto su punto de referencia. Pero muchos no.

Para que las percepciones negativas que existen hacia el poder legislativo cambien, se requiere una tarea titánica. Un buen comienzo sería exigir que los legisladores rindan cuentas. Que sean fiscalizados por un organismo independiente no gubernamental. Que el trabajo legislativo se mida con indicadores. Que se evalúe el desempeño de cada legislador. Que cada uno presente ante el IMCO su declaración de 3 de 3. Que se presenten las agendas legislativas detalladas, con metas puntuales que permitan vislumbrar el impacto que tendrán las leyes. Que legislen de cara a los ciudadanos y que existan mecanismos punitivos contra los propios legisladores. Si alguna de estas cosas no suceden, la LXI será más de lo mismo. 

 

franklozanodelreal@gmail.com