2015


La esperanza huele al último


El escenario nacional para el año que comienza, luce complicado. La desaparición de los 43 estudiantes de la normal rural de Ayotzinapa, mantiene a una buena parte de los mexicanos estacionados en el enojo y el duelo. El manejo que el gobierno federal le dio a la tragedia, enrareció el ánimo nacional y terminó por romper el frágil vínculo entre el gobierno, la clase política y los ciudadanos. Hoy en día prevalece la sensación de que no se ha hecho justicia.

El conflicto de interés del Presidente, por el caso de la Casa Blanca, golpeó al PRI y golpeó también la confianza en las instituciones. En el plano internacional, la imagen del primer mandatario se ha modificado drásticamente, pasó de ser un líder transformador, a un hombre manchado por la sospecha de la corrupción, e incapaz de encarar los problemas nacionales.

La violencia en Michoacán está de regreso o quizá, nunca se fue. La misión de Castillo, ha pasado de ser un mal estabilizador, a un pésimo apagafuegos. En Michoacán, al parecer, la estrategia es hacerle el trabajo a los grupos criminales, quitándoles del camino a los ciudadanos que les estorban, las autodefensas. Hoy están en la cárcel los líderes ciudadanos y la Tuta libre.

En el plano económico, la cosa pinta mal. El crecimiento seguirá sin llegar. Adicionalmente el gobierno federal anunció la posibilidad de recortar el gasto público. Este recorte, contrasta con el dispendio, como el caso de la partida destinada a pagar el avión presidencial, cuyo costo fue de 7 mil millones de pesos.

El gobierno federal va a sufrir para sortear las variables económicas globales en las que México no pinta. Por una parte, la presión cambiaria y por la otra, la guerra del petróleo.

Estos elementos estarán presentes en un año electoral, la sensación de injusticia; el fantasma de la corrupción; la desconfianza generalizada hacia las instituciones; el resquebrajamiento de la clase política, que, un día sí y otro también, nos regala un escándalo y finalmente, el contexto global.

Pese a ello, el gobierno federal pide optimismo e intenta transmitir un mensaje de esperanza. El problema es que no hace eco. Se trata de un discurso inverosímil, solicitud de tregua o incluso, un recurso infantil. El discurso que Peña Nieto pretende posicionar carece de lo más elemental: confianza. Es una réplica de una vieja estrategia del PRI, invocar al olvido y la desmemoria de la gente. De ahí que, recordar una y otra vez lo que ocurrió el año pasado sea la forma en que construyamos nuestra propia esperanza.

 

franklozanodelreal@gmail.com