Congreso medible

El poder legislativo local y federal se presentan como el paraíso de la representación popular, nada más lejano de la realidad. En los hechos se trata de lugares donde reina una lógica de pandilla o clan, donde impera la opacidad, la discrecionalidad y el pragmatismo y donde rara vez se escucha la voz de la ciudadanía. Lo que ocurre con las reformas energética, electoral y la de medios lo confirman.

Los congresos no son la casa de la deliberación, del argumento o del debate, son centros de poder y ese poder, muchas veces, se ejerce a espaldas de la ciudadanía; por no abundar en las prácticas antidemocráticas que rigen la vida interna de las bancadas, tales como, la expulsión al que disiente, coerción disfrazada de disciplina, manipulación de conciencias y compra de voluntades.

Por otra parte, para ser legislador, con honrosas excepciones, se requiere muy poco talento. El derecho a ser votado, por el simple hecho de nacer y existir, le ha salido muy caro al país. El legislador promedio es un tipo mediocre; es más un hablador populachero que un líder visionario.

 Al día de hoy, la rendición de cuentas y la transparencia pertenecen al ámbito del discurso. El caso de Congreso de Jalisco se pinta solo. Diputados que gastan en tampones, que no transparentan el ejercicio de las partidas de apoyo legislativo. Una nómina altísima que nomás no baja. Un altísimo costo y una pésima administración de los recursos, son la constante de este poder.

El diputado Miguel Castro presentó recientemente una iniciativa para medir a través de indicadores, el desempeño de los diputados. Sin duda se trata de un primer paso para generar una nueva institucionalidad que le restituya a este poder, la legitimidad perdida. Ciertamente, la iniciativa no puede resolver el problema de fondo, tener una clase política miserable.

El momento resulta interesante. Se plantea cuatro años antes de que entre en vigor la posibilidad de la reelección. Un sistema de indicadores, le permitiría al ciudadano ratificar o no en su función a su diputado distrital.

No obstante, para ir al fondo de la cuestión, es también el momento ideal para vincular el desempeño de los legisladores a los ingresos que recibe. Parte de la gran inconformidad de la gente con los diputados, es que cuestan mucho y hacen poco.

A mayor productividad, —no confundir esto con esfuerzo, sino con resultados— más incentivos. Si el diputado Miguel Castro quiere ir a fondo, resulta necesaria esa combinación: qué hago, cómo lo hago, qué resultados doy, por tanto, cuánto gano.

 

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