Ruedas con ruedas se llevan

Con esa frase sencilla surgió la idea, el año pasado, de celebrar Ruedas con Alas, un evento singular que realizaremos de nuevo este domingo. La idea surgió desde Mentes con Alas, una comunidad de vida de adultos con parálisis cerebral. En una junta se enunciaban ideas para celebrar el Día Mundial de la Parálisis Cerebral, una jornada de información, reflexión y celebración y alguien propuso un paseo conjunto con Ruedas del Desierto. Ruedas con ruedas se llevan.Ruedas con Alas fue, desde su gestación, la propuesta de un paseo que, además de incluyente, proclamara y reivindicara la inclusión como valor universal. Este año, examinando en el terreno la logística del paseo, puede uno constatar que nuestra sociedad no es incluyente hacia las personas que se desplazan en silla de ruedas. No sólo la insensibilidad extrema que despliega cada lagunero o lagunera al ocupar un cajón de estacionamiento azul o al tapar una rampa de acceso, sino la construcción deliberada -y frecuentemente con dinero público- de rampas que topan con un árbol, o con una barda o con una escalera.Cuando Ruedas del Desierto conoció la propuesta de celebrar Ruedas con Alas, aceptó de inmediato, sin titubear. Fue así porque en otro plano, pero con la misma injusticia, los ciclistas urbanos también conocen la exclusión. La infraestructura inadecuada, la falta de estacionamientos, las mentadas desde el coche, los reglamentos del pasado que daba obligaciones pero escamoteaban derechos a quienes pedalean nuestras calles. El “prohibido meter bicicletas” del que se burló con maestría Julio Cortázar. Las recriminaciones injustas que siempre empiezan con “ustedes los ciclistas”. Así fue que la propuesta de Mentes con Alas de hacer un paseo conjunto con Ruedas del Desierto hizo click, rápido y fuerte. Ruedas con ruedas se llevan. Hacer juntos una actividad que nos hiciera visibles y nos hiciera gozar a un ritmo más brioso desde la silla de ruedas. Una vuelta cuyos fundamentos técnicos los dio una compañera de Mentes con Alas: “un paseo que me haga sentir el viento en mi cabello”. Aquello fue -como hoy será- una hermosa mezcolanza de sillas, bicis, patines, carriolas, triciclos, letreros ambulantes, todos avanzando felices: mujeres, hombres, grandes, chicos, muy grandes y tan chicos que nos acompañaron desde el vientre de su mamá. Hijos con su papá rodando en bici o en la silla (¿qué más da como es la rueda?).Mascotas que no fueron consideradaspero que fueron motivo de sonrisas. Un coche de novios con todo y novios que nos cedieron el paso saludando felices mientras todos les gritábamos porras. En el descanso, hasta las paletas de nieve en la cálida tarde de un sábado eran más dulces.En Ruedas con Alas todos descubrimos fascinados nuestra capacidad de confiarnos en el otro: el que se entrega a las manos de un corredor desde su silla, el corredor que confía que lo va a hacer bien y que puede comunicarse en muchos niveles, la familia que pone a su hijo en las ruedas de un grupo de ciclistas desconocidos.Para fortuna y crecimiento de todos, en Ruedas con Alas se borra la línea entre voluntario, asistente o asistido de forma natural, porque la voluntad llueve desde los grandes compromisos hasta los pequeños detalles que resultan indispensables. Desde lo anticipado hasta las soluciones instantáneas a necesidades imprevistas. Desde lo establecido hasta lo impulsivo. Incluso se borra la frontera entre Ruedas del Desierto y Mentes con Alas. Una fusión desde el respeto mutuo y la igualdad. ¿Porqué? Pues porque ruedas con ruedas se llevan.Emociona pensar en los niños y bebés que nos acompañaron entonces y nos acompañarán hoy: son la generación que no necesitará campañas ni actividades especiales para aprender. Esos pequeños saben, desde un nivel muy profundo, que todos somos iguales. Para ellos es sólo un paseo y ya. Divertido como debe ser. El mundo de ellos, los pequeños, es un mundo en el que todos somos iguales, en el que la palabra inclusión pierde sentido.Ruedas con Alas es un acto simple, pequeño, modesto. Un paseo por la ciudad en una mañana de domingo. Pero también es un acto de enorme elocuencia como siempre será dar el pequeño paso que nos permite cruzar una frontera. Un acto gratificante que revela una enorme verdad: que el otro es uno, que uno es el otro.  


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