Otro rumbo, otras leyes

Muchas cosas tienen que cambiar en México. Ya.

Es más, muchas cosas tenían que haber cambiado en México desde hace mucho. Creo que usted coincidirá conmigo pues hace ya demasiado tiempo nuestro país va cuesta abajo lo que se refleja en la calidad de las vidas que llevamos. En ese clima llegamos a las últimas elecciones.

El candidato triunfador tuvo el mérito de definir el diálogo y poner a la oposición a comer de su mano, Pacto por México mediante. Un pacto que le abrió el camino para una serie de reformas a cual más desastrosa.

Pongamos la reforma energética. Con un Pemex desangrado por la corrupción de la administración, del gobierno y de su sindicato, era imposible llegar a las últimas grandes reservas de hidrocarburos: los depósitos de las lutitas, pizarras o shale y los depósitos de aguas profundas. Así las cosas, el podrido sistema de partidos que requiere de petropesos para funcionar, requería abrir las puertas de la explotación petrolera a la inversión extranjera. 

Puestos a reformar, con una oposición patética y emasculada, el sistema va ahora tras la joya de la corona: el agua. La Ley General de Aguas lleva en su corazón un ánimo privatizador.

Abre la puerta a la inversión privada en la construcción, concesión y operación de la infraestructura hidráulica: desde los tubos que pasan por debajo de mi casa hasta las grandes presas.

Es una ley regresiva, que afectará a los sectores más débiles económicamente. Ahonda en el gran error de la actual Ley de Aguas Nacionales al considerar al agua solamente como un recurso económico y no como la base de toda la vida.México necesitaba y necesita cambiar. Probablemente aún sea tiempo que lo haga. Pero el cambio debe ser en una dirección radicalmente diferente que la que hoy está tomando.

Debe ser un cambio en el que las mexicanas y los mexicanos reconozcamos el potencial de esta tierra. No para generar ganancias para unos cuantos sino para soportar el progreso de todos y de todas.

Requerimos de leyes que nos lleven a una economía neutra en carbono dejando los hidrocarburos donde están y una ley de aguas que permita que el agua siga jugando su papel como soporte de la vida. Una ley como la que el congreso pretende aprobar es una ley que solo nos traerá injusticia, destrucción, pobreza y muerte. No lo podemos -no lo debemos- permitir. 


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