El poder de la canción

El 27 de enero murió Pete Seeger a la edad de 94 años. Fue una figura clave para entender el siglo veinte y lo que llevamos del veintiuno. Sus canciones animaron al movimiento obrero, al movimiento por los derechos civiles, al movimiento contra la guerra de Vietnam y la de Irak y la lucha a favor del medio ambiente. Además de cantante, folclorista, recopilador y autor, Pete Seeger fue un ciudadano que no dudó en confrontar el poder omnímodo del Senador McCarthy en los años cincuenta, lo que le costó una persecución implacable.
Compañero del también legendario Woody Guthrie, influenció las carreras de grandes artistas a lo largo de décadas, como Johnny Cash, Bob Dylan, Bruce Springsteen y las Dixie Chicks. Fue ante todo un creyente en el poder de la canción para mover a la gente y en el poder de la gente para cambiar al mundo a través de su participación en lo público. Y no sólo creyó en estas cosas en abstracto, sino que fue ejemplo vivo de que tal cosa era posible.
A principios de los sesenta el Río Hudson era el drenaje industrial del estado de Nueva York. General Electric y otras corporaciones vertían grandes cantidades de bifeniles policlorinados (PCBs) y otros potentes cancerígenos en sus aguas. La agricultura contaminaba el agua con fertilizantes y plaguicidas. El río estaba designado como zona de descargas industriales. Era oficialmente un caño de drenaje. Nadar en el Hudson o comer peces de él era llamar al desastre. Un día Pete Seeger, residente de Beacon, pueblo en las orillas del Hudson, le prometió a su hija pequeña que él haría todo lo necesario para que ella pudiera nadar en sus aguas. En 1966 le planteó su plan a algunos conocidos y vecinos: construir una balandra (barco de vela de un mástil) para limpiar el río. Muchos lo vieron raro. Un río no puede limpiarse con un barquito que ande aguas arriba y aguas abajo. Pero Pete Sabía que sí se podía.
La balandra Clearwater de 32 metros de eslora fue botada en Maine en 1969 tras un esfuerzo por conseguir el financiamiento para construir un barco que navegó durante 200 años por el Hudson pero que ya no se veía desde mediados del siglo diecinueve. Desde entonces este barquito ha surcado incansablemente las aguas del río entre Albany y Nueva York promoviendo la educación ambiental entre la población, reivindicando el derecho a un río vivo y a un agua limpia y dando conciertos que muevan las conciencias de la gente. El resultado hoy está a la vista: el Hudson es un río vivo, se puede nadar en él. Sus pescados pueden comerse sin riesgo alguno.
Esta fe inquebrantable en el poder de la canción -y las consecuencias de esa fe- hacen que la partida de Pete Seeger sea una pena sin orilla para todas y todos los que deseamos un mundo más justo, más limpio y más humano. Aunque creo que su partida nos deja también un ejemplo de vida larga, consecuente y fructífera.
Hoy precisamente celebramos el Día de los Humedales. Con esa celebración aspiramos a que la sociedad valore y defienda los múltiples servicios que recibimos de ellos. La Laguna cuenta con un Humedal de Importancia Mundial, el Cañón de Fernández. Haríamos bien en voltear a ver el tesoro que tenemos así sea un pálido remanente de lo que fue el Nazas en otros tiempos. El Nazas que permitió la existencia y el florecimiento de nuestra sociedad y que hemos ido matando en nuestra loca carrera de hacer riquezas sin ninguna consideración legal, moral o ambiental.
En ese sentido Pete Seeger con su ejemplo y con su lucha en favor del Hudson nos da una lección a los defensores del Nazas. Una lección de pensamiento audaz y creativo, de terco compromiso y de energía vital sin límite. Y creo que en esto hay un reto para nuestros creadores artísticos. ¿Cómo forjar un cancionero inédito del Nazas y del Aguanaval?
El canto siempre ha estado presente en la historia de la humanidad. En ocasiones para ubicarnos en el misterio de la vida. A veces para aligerar nuestras penas o subrayar nuestras alegrías. En otras ocasiones para entender nuestros problemas y para acompañarnos en la lucha por resolverlos.
Seeger compuso una canción corta -A mi vieja tierra café- que quizá sea uno de los más bellos epitafios: “A mi vieja tierra café / y a mi viejo cielo azul / Ahora les doy las últimas pocas moléculas de “yo” / Y a tí que cantas y a tí que estás a un lado / te encargo que no llores / Cuida bien nuestra cadena humana / Fíjate bien, manténla fuerte / mientras el sol brille / Y a este nuestro hogar / mántenlo puro y dulce y verde / pues ahora soy tuyo / y tú eres también mía”.


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