La movilidad no sólo es la movilidad

Como nos movemos en nuestras ciudades está relacionado íntimamente con la ciudad que tenemos. Y viceversa. La primera determina a la segunda que determina a la primera. Las ciudades laguneras y las ciudades coahuilenses son, en este sentido, un desastre.

Desparramadas, de calles anchas, donde la distancia entre nuestros hogares y nuestros trabajos y nuestros sitios de esparcimiento son cada vez más largas. Por ello tenemos pésimos servicios, entre ellos el transporte y por ello abusamos del coche. Lo cual nos lleva a tener una movilidad dispareja: mejor para los que más tienen, peor para las mayorías. Lo cual nos lleva a abultadas pérdidas económicas, desbalances sociales y una pésima calidad del aire. En resumen, un desastre.

Un transporte malo y caro empobrece. Un coche, también. Una movilidad centrada en el automóvil privado nos envenena el aire y contribuye a calentar aún más al planeta. Pero curiosamente, las campañas políticas que estamos padeciendo son mudas en este tema. La publicidad se centra en los temas gastados y tramposos de siempre: más empleo, mejor salud, mayor seguridad y a veces hasta algún candidato promete mejor transporte público, lo cual se traduce a camiones un poco menos chafas y se acabó.

Pareciera que no se esté construyendo la Línea 1 del Bus Rápido. Ni un sólo candidato nos dice como va a continuar la tarea o como va a re-estructurar el transporte alrededor de este nuevo servicio. Como lo integrará con las personas que se muevan a pie o en bicicleta. Nadie nos está planteando la visión de una ciudad diferente, más humana, más tranquila, en las que sea más fácil moverse con los medios que cada uno tenga o con los medios que cada uno quiera. 

La movilidad toca a la equidad, a la justicia social, a la economía, al medio ambiente. En suma, a la calidad de vida. Pero deprimentemente, por lo que se ve, no toca a la política ni a quienes desesperadamente nos están pidiendo el voto. 


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