El gas shale, la perdición

El debate sobre la reforma energética en México basculó entre dos posiciones igualmente ñoñas. Por una parte, la derecha clamando la necesidad de tener socios extranjeros para explotar el petróleo de aguas profundas y el gas shale. En la acera de enfrente, la izquierda, con el viejo cuento de la defensa de Pemex como patrimonio de los mexicanos aunque para todo efecto práctico Pemex es desde hace mucho patrimonio de los corruptos. En medio de los dos, el calentamiento global que nos pide a gritos que cambiemos todo, ya.El mismo gobierno que proclamó como victoria la reforma energética es el mismo gobierno que se dice comprometido con la lucha contra el cambio climático. Dos posiciones que no casan. Que se contraponen. Esquizofrenia pura.El gobierno de México se ha comprometido a reducir sus emisiones radicalmente. En la práctica, esto no está sucediendo. Nuestras emisiones van al alza. Con la reforma energética, irán a más. No solo porque vamos a extraer y quemar más combustibles fósiles sino porque la facturación hidráulica o fracking es una tecnología que, por sí misma, es una fuente importante de gases de efecto invernadero tanto por las emisiones fugitivas como por el incesante trajinar de pipas con agua, desechos, químicos y productos desde y hacia los pozos.Todos los gobiernos del mundo, incluido el nuestro, se han comprometido a reducir drásticamente sus emisiones para mantener el incremento de la temperatura promedio de la Tierra por debajo de los dos grados centígrados. ¿Y porqué dos grados? Pues porque si la temperatura de nuestro planeta sube más, estaremos poniendo en grave riesgo las condiciones que han permitido el origen y el devenir de la civilización humana.Según los científicos, para que no rebasemos ese límite, esa raya en la arena, debemos limitar las emisiones futuras a 565 mil millones de toneladas de bióxido de carbono, o sea, emitir no más de 565 Gigatoneladas de CO2 adicional. Pues bien, bajo tierra sabemos que aún hay reservas probadas de combustibles fósiles que, si las quemamos, emitirán 2,795 Gigatoneladas de CO2. Para ponérsela más fácil: bajo tierra tenemos cinco veces más combustibles fósiles que los que necesitamos para suicidarnos. Peor se la cuento. Estos son cálculos de hace dos años. O sea, que nuestros márgenes de maniobra son ya más reducidos en 2014. Y México está viendo como saca más gas, más petróleo y más carbón para “que el país progrese”, para mover a México. Hacia el precipicio.El mercado petrolero ha impuesto una lógica demencial. Para que una compañía petrolera sea vista como viable y digna de invertir en ella, debe demostrar tener reservas probadas que representen al menos el 100% de su producción anual de hidrocarburos. A esto se le llama la tasa de reemplazo de reservas. Si esta tasa es menor a 100%, se dice que esa petrolera terminará por no tener más petróleo y gas y desaparecerá.  De esta forma una empresa que por la misma lógica del capital, debe crecer, aumentando su producción también debe crecer en reservas, es decir en exploración. Una receta para la insaciabilidad en una rama industrial -la de los combustibles fósiles- que debería estar ya apagando luces y bajando cortinas. Claro, si de verdad queremos conservar a la civilización humana.En 2009 Shell anunció que su tasa de remplazo de reservas era de 95%. Sus acciones se vinieron abajo. Shell de inmediato dejó de invertir en energía solar y eólica y se puso a buscar petróleo y gas hasta encontrarlos y tranquilizar a sus mercados. Y que siga la fiesta.Las cosas pintan mal para el planeta y para la especie humana. Vamos a la catástrofe. Ya hoy se admite en todas partes que la meta de poner un límite de dos grados centígrados  a la fiebre planetaria es inalcanzable. Estamos como el coyote del correcaminos, moviendo frenéticamente las piernas, suspendidos en el aire. Pero con el gobierno mexicano diciéndonos que ya vienen tiempos mejores, que vamos a ser felices en un planeta ardiendo. 


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