¿Ya se ch**gó la Tierra?

La Conferencia de las Partes sobre Cambio Climático de la Organización de las Naciones Unidas, llamada COP 20, pinta para un fracaso. Uno más que se acumula en un mundo que, como dice Naomi Klein, se vuelve cada día más caliente, más frío, más húmedo, más sediento, más hambriento y más enojado. Desde los años ochenta los científicos nos decían lo que se nos venía encima y nuestros políticos no hicieron caso. Ni entonces, ni después ni ahora. Es de tal magnitud el reto que como especie tenemos enfrente que necesitamos cambiar todo ya. Cambiar. Todo. Ya. Para lograrlo nos necesitamos todos. Todos los gobiernos, Todos los pueblos, Todas las clases sociales. Cada día. Todos los días. A partir de antier.Los cambios que estamos viviendo son tan graduales en el término de nuestras vidas que no parecen pintar frente a la preocupación de cómo llevar a la niña a la escuela hoy o cómo llevar al niño a su juego de fut o qué comprar en el súper. Pero eche una mirada al pasado cercano del tiempo en la Comarca Lagunera. Un cluster de granizadas. Las temperaturas más bajas jamás registradas en la historia. Las temperaturas más altas jamás registradas en la historia. Un año que sólo llovieron 85 mm. Este año que vamos, creo, rumbo a los 350. En 2014 tuvimos una noche de verano que, pasadas las nueve, la humedad relativa era 2 %. Las lluvias se nos van moviendo hacia el otoño año tras año. Si amplía la vista para abarcar al continente o al planeta encuentra un huracán en el Atlántico Sur. Por primera vez en la historia. El huracán Katrina. El huracán Alex. El huracán Sandy. Tornados en Coahuila. Tornados en Barcelona. Por primera vez en la historia. Este martes la cotidianeidad se vio seriamente trastocada aquí donde estoy, en Cataluña, por los fuertes vendavales. Dos muertos por una barda caída en Terrassa donde viví en 1991 y 1992. Cuando iba tomando el avión en Torreón para venir acá hubo partes de Cataluña en que cayeron 190 mm en dos días lo que provocó una chica excursionista ahogada por un arroyo súbitamente convertido en ríoy que la estación del AVE en Girona se inundara, por segunda vez en unos cuantos meses. Pero por más señas y pistas que nos da la naturaleza nuestra clase dominante -y nosotros- no parecemos tomar nota. Seguimos en las mismas. Hace dos años, en la reunión de la Unión Geofísica Americana, que reúne a más de veinte mil científicos, una ponencia resaltaba entre las demás. La plática se llamaba “Is Earth f**ked?”, que puede traducirse -con todo y censura- como  “¿Se ch**gó la Tierra?”. La presentaba Brad Werner, geofísico experto en sistemas complejos. Werner había hecho un modelo que simulaba el estado de las cosas  en el planeta y, simulación mediante, predecía el desenlace que siempre era fatal. Cambiaba alguna entrada. Volvía a correr la simulación. El desenlace, de nuevo, fatal. Una maquinaria económica acelerada y fuera de control está agotando los recursos y envenenando el aire, el agua y la tierra. Parece imparable. Pero Werner encontró que ciertas entradas podían servir de fricción para frenar y eventualmente detener esta locomotora llamada progreso que nos lleva alocadamente hacia el abismo: la participación social. La resistencia. Acciones directas. Bloqueos. Seguir ejemplos y preceptos externos a la cultura dominante. Sabotajes. Una insurrección generalizada a la manera de la que ya vimos en los Estados Unidos de América en la lucha por los derechos civiles y contra la guerra de Vietnam. La revista Nature -junto a Science la más respetada en el ámbito científico- publicó un comentario hace dos años en que le implora a quienes investigan desde la ciencia el fenómeno del cambio climático que den la cara, que sean activos, que arriesguen perder su plaza o ser arrestados. No es para menos. Cada año estamos rompiendo récords de temperatura y de emisión de gases de efecto invernadero. Nuestras opciones para mantenernos seguros como civilización se agotan rápidamente. Lo que la ciencia nos dice no puede ser más claro: Hace falta rebelarnos. Todos. Cada día. Todos los días. Empecemos hoy. Camina. Come menos carne. Usa la bici. Consume menos. Manifiéstate. 


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