La banqueta egipcia

El título está padre para novela ¿a poco no? Es más, está padre para novela policiaca. Pero no, no voy a hablarle de novelas. Si algún género tocaré en esta columna es el de la comedia, aunque no exenta de tragedia. Quiero hablarle de las obras viales que nuestros gobernantes nos endilgan a los inexplicablemente pasivos ciudadanos. Los cruceros inteligentes, por ejemplo. Adefesios confusos y contraintuitivos y por lo tanto inseguros que ni a los automovilistas sirven bien. O los pasos peatonales, engendros de la era nazi usados para segregar a los valiosos de los desechables. Los desechables, claro, eran y son los débiles, los de a pie, los que no debían ni deben molestar el paso de los coches ni con sus absurdas muertes.
El último engendro de la ingeniería vial autóctona es el paso a desnivel 11-40, obra retrasada, inaugurada al vapor, incompleta. El antiguo paso a desnivel, de cuatro carriles, siempre me metió temor como ciclista. Solía cruzarlo por debajo sólo si iba con otros ciclistas o bien si era domingo, como esas mañanas hoy tan lejanas, en que iba y venía del difunto Biclatur.
En otras ocasiones optaba por pasar el paso a desnivel por arriba, cruzando las vías del tren a pie. Esta opción desaparecía si en esos momentos pasaba o estaba inmóvil sobre las vías algún larguísimo tren carguero. En esas ocasiones, afortunadamente raras, pasaba por debajo, subido en la banqueta en la que cabía un ciclista o dos peatones y por ahí me desplazaba.
Como siempre sucede, esos cuatro carriles no eran ya suficientes para el aforo vehicular. Como siempre sucede, la autoridad decidió erróneamente aumentar la oferta vial ensanchando el paso a desnivel. Ante un recurso escaso es más barato, socialmente más justo y ambientalmente más sano luchar por reducir la demanda. En este caso, desincentivar el uso del coche.
Pero nuestros gobernantes no piensan así, y por eso tendremos pronto un paso a desnivel de ocho carriles. Pero sin banqueta. O mejor dicho, con una ridícula banqueta en la que no cabe un ciclista, menos dos peatones. Los que diseñaron, los que aprobaron y los que construyeron este adefesio no fueron capaces de pensar primero en los usuarios más vulnerables de la vialidad sino que los desdeñaron. Los que diseñaron, los que aprobaron y los que construyeron este adefesio no fueron capaces de quitarle unos pocos centímetros, digamos un par de cuartas a cada uno de los ocho carriles para ofrecer un margen de seguridad aumentado a peatones y a ciclistas. Optaron mejor por mostrar su cara más insensible, estúpida y tacaña.
Si ahora de un lado la banqueta es ridículamente pequeña, no cabiendo en ella un peatón con bolsas del mandado, del otro lado es inexistente. Igual de inexistentes serán las banquetas en los retornos que se construyen a ambos flancos de las vías.
Los ciclistas de Ruedas del Desierto hicimos una manifestación cuando empezó la obra. Hace exactamente un año, el 30 de noviembre de 2012, demandamos por medio de pancartas en un paseo-manifestación banquetas dignas y seguras, obras que incluyeran al peatón y al ciclista, inversión vial equitativa. La protesta con propuesta la hicimos pues recién iniciaban las obras del paso a desnivel. Luego vinieron pláticas con el titular de Obras Públicas quien se dedicó a marear a la gallina, haciendo vagas promesas de responder a nuestros señalamientos.
Hoy, la soberbia y la insensibilidad de quienes gobiernan Gómez Palacio está a la vista. Banquetas reducidas o inexistentes. Excusas ridículas e insultantes. Seguridad de que los gomezpalatinos y los laguneros aguantamos sus obras tontas que incrementan significativamente -como si falta hiciera- nuestra inseguridad.
¿Pero que tiene que ver una civilización de hace cinco mil años que floreció en un desierto como el nuestro bañado por un generoso río como el nuestro? Seguro usted recuerda usted los glifos y murales de las tumbas de los faraones donde pintaban a las personas y a los dioses de una forma curiosa. Las piernas eran de un cuerpo perfilado, pero el torso se ve de frente, no de flanco. Una forma tan curiosa de ilustrar sus caminados que inspiró el éxito ochenteno de las Bangles, “Camina como un egipcio”. Si así caminaban en aquellos lares y en aquellos tiempos supongo que lo hacían porque tenían que sufrir banquetas como la del paso a desnivel del 11-40. Supongo que sus faraones eran la versión retro de los alcaldes gomezpalatinos.  
Tras la agresión a la comunidad perpretada con el desnivel 11-40 no nos queda sino la burla. De manera que ayer inauguramos de manera formal y simbólica esa ridícula banqueta egipcia para resaltar -si hiciera falta- la falta de sensibilidad y la derrota de la inteligencia de quienes diseñaron y construyeron este monumento a la muerte y la inseguridad con nuestro dinero. Hoy que inauguramos su despropósito de concreto recordemos que se les dijo, se les pidió, se les rogó pero prefirieron voltear a otro lado y hacer lo que les vino en gana y mostrar su cara más cruel y más estúpida.



twitter.com/fvaldesp