Diez años

El Cañón de Fernández me ha acompañado toda mi vida. En mi niñez fueron muchos los domingos que pasé en grandes comidas familiares en el rancho de mi tío abuelo Agustín Anaya por el rumbo de la Posta. En mi juventud preparatoriana, los días de campo por esos rumbos fueron pocos, quizá no pasaron de una docena. En 1984, al poco tiempo de haber vuelto tras nueve años en el Distrito Federal, empecé a ir ocasionalmente al Cañón de Fernández ya con un interés por descubrir sus aves. Mis visitas se suspendieron por una ausencia de cuatro años de La Laguna. Volví de Inglaterra en 1990 y entonces mis visitas empezaron a  ser más frecuentes.
En 1999 el alcalde de Lerdo, Gerardo Katsicas, convocó a todo aquel y a toda aquella que tuviera preocupación por el estado de los ecosistemas del Nazas, a reunirse en la biblioteca municipal para establecer un diagnóstico y esbozar acciones para detener el deterioro severo que ya había terminado con Raymundo, con Las Piedras y con Villa Juárez y amenazaba con terminar con lo que quedaba de la gran cinta verde que acompaña al Nazas desde las lejanas montañas de la Sierra Madre Occidental. Una víbora verde que llegaba hasta San Pedro pero que ahora no pasaba de los Puentes Cuates.
Eran juntas largas y catárticas. Cada mes aquello era un listado de nuevas afectaciones al bosque y al río que recién alguien detectaba. Llegamos a un punto, en el año 2000, en el que nos quedó claro que hacía falta darle continuidad a lo que el alcalde Katsicas había puesto en movimiento y darle una estructura formal a aquel grupo de individuos que, al margen de lo que pudiéramos representar, compartíamos una preocupación por el estado del río y una convicción de que éramos quienes deberíamos iniciar su rescate. Así nació, en 2001, Prodefensa del Nazas, A.C.
Basados en un estudio realizado por Biodesert, A.C. denominado “Factores que inciden en el deterioro ecológico y social de la parte baja del Río Nazas” empezamos a solicitar al gobernador de Durango, Ángel Sergio Guerrero Mier, un estatus de protección para los ecosistemas del río comprendidos entre la presa de las Tórtolas y la presa de San Fernando, en Raymundo. Cartas, editoriales, notas periodísticas, peticiones a pie de banqueta, todo lo intentamos. Finalmente el gobierno mandó hacer un estudio técnico para ver si nuestra solicitud tenía sustento. Dicho estudio encontró que el Cañón de Fernández tenía un estado de conservación alto y que, por lo tanto, era el sitio a conservar. El resto del área reivindicada por Prodenazas como zona de amortiguamiento y restauración fue desechado. Fue en el gobierno de Ismael Hernández Deras que se decretó finalmente la protección de esa parte del Nazas bajo la figura de Parque Estatal Cañón de Fernández. El decreto se publicó el 25 de abril de 2004.
Este logro sería nada si no se traducía en la instalación de una administración del parque que velara por el progreso social de sus habitantes y la conservación de los valores biológicos y paisajísticos del sitio, de modo que empezamos a cabildear para que esto se diera a la brevedad y el Parque Estatal Cañón de Fernández no se convirtiera en un parque de papel, sólo existente en el periódico oficial. En 2005 el gobernador propuso que el parque lo administraran, en conjunto, su gobierno y Prodefensa del Nazas. Vimos de inmediato ventajas en esta propuesta y en noviembre se firmó el convenio correspondiente. Una propuesta novedosa que sólo puede ser realidad robusta si la determinación forjada por un sentimiento de responsabilidad compartida no falla en ninguna de las dos partes.
Este pasado 25 de abril el Parque Estatal Cañón de Fernández, patrimonio de todos los laguneros cumple pues sus primeros diez años de vida. Diez años en que se ha avanzado en el progreso social de sus pobladores y en la conservación de sus valores biológicos y paisajísticos. Diez años que tienen como protagonistas a las dos admirables mujeres que forman la plantilla completa que cuida de diecisiete mil hectáreas: Gladys Aguirre y Sandra Ramos, acompañadas por el resto de los miembros de Prodefensa del Nazas, A.C., por los funcionarios federales, municipales y estatales que se han preocupado por apoyar esta labor y por las empresas que han colaborado de diversas maneras con su protección.
Se dice fácil, pero han sido diez años de empeño, sustos, disgustos y malentendidos. Pero sobre todo, diez años de logros, de triunfos y de satisfacciones en que el Parque fue distinguido como Humedal de Importancia Internacional o Sitio Ramsar en 2008.
Este verano de 2014 espero poder registrar al Cucú de Pico Amarillo anidando en uno de sus sauces. Esta ave es un indicador de la calidad del hábitat que ocupa. Si el cucú cumple su promesa de volver un año más de su invierno en Sudamérica es porque los laguneros y las laguneras le cumplimos la promesa de que le cuidaríamos ese hábitat. Una labor cada vez más difícil en un mundo indiferente que cada día se torna más caliente.


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