Zombies

No cabe duda que la cultura popular actual revela una enorme fascinación por los zombies, los muertos vivientes. Así lo atestiguan libros, películas y series de televisión. También las frecuentes marchas zombies en las que cientos o miles de muchachas y muchachos se maquillan como cadáveres caminantes. Híjole, yo mismo me he disfrazado de zombie. No una, varias veces. No hace mucho, con compañeras y compañeros del Encuentro Ciudadano Lagunero, realizamos una pequeña flashmob con el tema zombie. Nos erigimos en espejo de los paseantes del Paseo Colón. Digo espejo porque nuestra comunidad es ya una comunidad zombie. Somos pueblos fantasmas que aún no nos enteramos que se nos acabó la vida.
Sin agua, estamos muertos. La naturaleza no puede funcionar sin agua. Siendo la economía una estructura que descansa y depende de la naturaleza, la economía tampoco puede ser. Nuestra flashmob de aquel domingo era para resaltar que, la cuestión del agua es la que, quizá como ninguna otra cuestión, está minando la salud social de La Laguna. El mal uso del agua será la causa de nuestra muy particular hecatombe zombie. Sin el consuelo de tener entre nosotros a un Sheriff Grimes que pueda darnos luz de como sobrevivir.
No me traigan a cuento el argumento de los “expertos” que intentan demostrar que La Laguna tiene agua, que no hay crisis. Claro que La Laguna tiene agua. Tenemos a los dos ríos endorreicos más grandes de México, por supuesto, pero esa agua es criminalmente desperdiciada. Si el agua con que cuenta La Laguna fuera una gran cubeta, esa gran cubeta está llena de agujeros. Para fines prácticos es como no tener agua. Habrá, pero la tienen otros que la tiran.
De vez en vez se nos alerta sobre el lobo que viene disfrazado como la privatización del agua. Hay razones de sobra para alarmarse con esta moda privatizadora que sólo ha acentuado la inequidad, la injusticia y la rebeldía. Pero en La Laguna el agua está ya privatizada. Con su inacción como gestor de ese bien nacional, Conagua ha abdicado su autoridad a favor del gran negocio ganadero. Un bien de la nación -es decir, suyo y mío- está hoy en manos de quienes la usan de manera mala e ilegal. El encargado de tapar los agujeros de la cubeta parece estar ocupado haciéndole más agujeros con el berbiquí. La mala calidad del agua, la que nos tiene bebiéndola con arsénico, producto de la sobreexplotación criminal, es otra forma de privatización, quizá la más cruel y desalmada. El público -usted, yo y todos los que usted y yo queremos- bebemos veneno porque los intereses privados nos han empuercado el agua.
Cada determinado número de meses se nos propone como solución a otro zombie. Como el Plan Meva, un plan faraónico y alucinado que de tanto en tanto muere cuando se hacen las cuentas para volver luego a recobrar vida y se hecha a andar por las páginas y micrófonos de nuestros medios. Un espejismo puro y duro. El autoengaño que insiste en no ver los agujeros en la cubeta y que pretende -ingenuamente- que echándole más agua a la cubeta, el problema de los agujeros se solucionará.
Quizá lo que da alas periódicamente al Plan Meva sea la existencia de zombies que han logrado la vida eterna. Ejemplos sobran: el Central Arizona Project que lleva agua a un costo estratosférico del Colorado a Tucson en donde tiene que inyectarse en el subsuelo porque nadie la quiere; el ilegal Acueducto Independencia que tiene al Sur de Sonora y a la tribu Yaqui en pie de guerra pues se llevan su agua hacia Hermosillo, sede de otra de las grandes cubetas con agujeros; el gran canal Norte-Sur que actualmente se construye en China y que generará una destrucción sin orilla; el proyecto de su majestad el Faraón Enrique I que moverá agua desde Veracruz hasta los futuros campos de gas shale de Nuevo León y Coahuila; el acueducto de Los Ángeles que acabó con el Lago Owens y con todas las comunidades que ahí existían.
Aunque usted no lo crea existen proyectos aún más alocados. Proyectos que vienen de décadas pero que reviven de vez en vez gracias a la enfebrecida mente de los demagogos y de los ingenieros. Los auténticos proyectos zombie. El Proyecto NAWAPA, que contempla, entre otras cosas, hacer una presa que crearía un lago de 800 kilómetros de largo en la Columbia Británica para luego mover esa agua hacia las planicies usamericanas y el norte de México. El proyecto para desviar el Mississippi hacia el poniente. El proyecto de perforar miles de pozos en el norte de Nevada para bombear el agua cientos de kilómetros hasta la sedienta ciudad de Las Vegas.
Para que no acabemos en región zombie, no necesitamos ideas faraónicas, presuntamente geniales. Lo que necesitamos es tantito sentido común, voluntad de hacer las cosas, compasión, inteligencia y una pizca de amor por esta tierra.


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