Valientes y atrevidos

El pasado martes tuvo lugar la cumbre del clima en las Naciones Unidas, en su sede de Nueva York. El domingo anterior una manifestación de cuatrocientas mil personas lanzó un mensaje fuerte y claro a los líderes que iban llegando. El mensaje se replicó en cientos de ciudades y pueblos del planeta, entre ellos Torreón. Nuestros gritos parecen haber sido reconocidos por algunos de los líderes del mundo. El secretario general de la ONU, Ban Ki-moon marchó del brazo del alcalde de Nueva York, Bill de Blasio y de la primatóloga Jane Goodall en la gran manifestación. En su discurso el martes, el presidente Obama de los Estados Unidos reconoció que la voz de las manifestaciones del domingo serían escuchadas y que su país entraría de lleno para frenar lo que ha sido calificada por la propia ONU como la más grande crisis que la humanidad haya enfrentado jamás.Falta ver la velocidad con la que sus discursos se sincronizarán con sus políticas. Así como oímos a Barack Obama, oímos al vicepremier chino, Zhang Gaoli, decir casi lo mismo mientras los chinos alcanzaron una huella climática per cápita mayor que la de los usamericanos. Y escuchamos al presidente Peña Nieto hacer promesas de liderazgo climático cuando acaba de anunciar la construcción del nuevo y gigantesco aeropuerto sobre lo que queda del antiguo Lago de Texcoco y mientras nuestro país se apresta a extraer grandes cantidades de gas y petróleo shale en Coahuila y otros estados.Sobraron las palabras, ahora faltan los hechos. Habrá necesidad de volver varias veces a las calles a exigir acciones concretas contra esta amenaza que se cierne sobre nuestro planeta. Tendremos que ser miles de laguneras y laguneros, y no decenas como el pasado domingo, en las plazas de nuestras ciudades. Durante la manifestación en Nueva York, el secretario general de la ONU lo dijo con gran claridad: “No tenemos un plan B porque no hay un planeta B” subrayando que este es nuestro único hogar y lo estamos destruyendo. La Tierra nos está pidiendo más, mucho más, que apagar las luces una hora al año.Pero, como también lo dijo el alcalde de Nueva York, “el calentamiento global no es asunto de los ambientalistas, es ya un asunto de todos”. De ciudadanos y empresarios, ya no sólo de autoridades. Es ya un imperativo reducir la energía que empleamos en nuestras vidas. La que usamos para iluminarnos, para enfriarnos, para transportarnos, para alimentarnos y para calentarnos. ¿Le preocupan estos asuntos? Use más sus pies y la bici, coma menos carne, aguante un poquito de sudor, que es producido por nuestra piel para enfriarnos.Hay escenas que, al contrastarlas contra la inmensidad del reto que tenemos enfrente, deprimen a cualquiera. El agua es uno de los puntos claves para la adaptación de nuestra sociedad al cambio climático. Sin embargo, seguimos viviendo al filo de la navaja. Como si nada sucediera. Hemos interrumpido el vital ciclo del agua y por ello hace décadas nuestros ríos no llegan a sus lagunas que hoy son resecos páramos. En el Nazas y en el Aguanaval sigue desplegándose el drama de las extinciones. Nuestros acuíferos, que deberían ser nuestras reservas para las sequías que se pronostican, están agotados y emponzoñados.Hoy, que el planeta nos está dando señales de que debemos cambiarlo todo, seguimos en las mismas. En las proximidades de León Guzmán dos hombres fabulosamente ricos, de apellidos de la más rancia estirpe lechera, están desmontando ilegalmente mil hectáreas y perforando al menos diez pozos para interceptar la poca agua que el Nazas aún aporta a nuestros maltrechos acuíferos. Mas destrucción y más muerte y menos adaptabilidad y resilencia y más riesgo para todos los laguneros a cambio de unos cuantos pesos que les rendirá la alfalfa que ahí siembren. ¿Y las autoridades? Bien gracias, luciéndose en la cumbre de Nueva York. Hace tres años denunciamos ante Profepa a otro lechero por desmontar y perforar ilegalmente en los terrenos detrás de la presa de Las Tórtolas sin que nada sucediera. Otro millonario de la ciudad, con la arrogancia que le da su fabulosa fortuna, construyó ilegalmente un complejo habitacional en terrenos que la nación le concesionó con la prohibición expresa de hacer lo que está haciendo. En los terrenos concesionados a la orilla de los ríos está prohibido erigir construcciones permanentes. Pero el complejo habitacional, el templo budista, la gran alberca, los postes de la CFE y los de Telmex que este millonario ha llevado a las orillas del Nazas siguen ahí vulnerando los valores biológicos y paisajísticos del Parque Estatal Cañón de Fernández y sitio Ramsar sin que la autoridad sea capaz de mover un dedo para hacer cumplir la ley. Si los laguneros lo permitimos pronto tendremos al último girón que nos queda de los valiosos ecosistemas del Nazas, capital natural para enfrentar el cambio climático, convertido en un fraccionamiento de lujo.En Nueva York les exigimos a los líderes mundiales que fueran valientes y que tomaran medidas atrevidas. Pero en La Laguna lo que vemos es empresarios poderosos, voraces y valemadristas y funcionarios cobardes, cómplices y timoratos. 


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