El Río San Rodrigo

Quiero hablarle del Río San Rodrigo, un admirable río de desierto, ubicado al norte de Coahuila y que desemboca al Río Bravo llamado también Río Grande dependiendo de donde se pare uno. En 1851 Emil Langberg,nacidoen 1810 en Copenhague llegó como coronel del ejército mexicano a reconocer sus parajes. Encontró un río tan normal y tan extraordinario como cualquier río de desierto. Un lagunero de hoy que viajara a ese pasado, reconocería sus sauces, sus álamos y sus ahuehuetes. Los mismos que vio Langberg. Los nogales nativos y los sicomoros quizá le hubieran parecido un tanto exóticos. Sus castores y nutrias habrían sido maravillas sin par. La presencia de bandas de indios nómadas saciando su sed en sus aguas transparentes o pescando matalotes le darían la clave que aquella era otra época.Si el mismo lagunero, o cualquier coahuilense, pongamos por ejemplo Rubén Moreira, volviera hoy y se parara en el sitio arqueológico de Monclova Viejo, las ruinas del viejo presidio desde donde Langberg lo describió, no hubiera reconocido nada. El Río San Rodrigo es hoy un río moribundo. Lo estrangula la presa de la Fragua, una obra inútil que sólo sirve para evaporar ingentes cantidades de agua, privando a Coahuila de un bien precioso en forma de nubes fugitivas. Vería que varios kilómetros aguas arriba y aguas abajo de la presa se desarrollan actividades dantescas por enormes conglomerados mineros dedicados a la extracción de piedra. Esos sitios son lunares. No por que sean pequeñas manchas en la faz de Coahuila, sino porque asemejan paisajes de la Luna aunque en la Luna no hay tolvaneras. Enormes maquinarias destrozan el río y su vegetación día y noche. Roban un recurso -la piedra- mientras arruinan otros dos -el agua y el aire- enfermando a los pobladores. Triturados de Piedras Negras, Materiales Ballesteros y Mateco, roban piedra 24/7 sin permiso, mientras destrozan aquel paraje idílico que sobrevivió a Langberg hasta hace pocos años y lo llenan de polvo, de ruido y de muerte. A pesar de incontables denuncias a la CNA y a Profepa, el robo descarado a la nación continúa y la devastación de aquella maravilla que nos narró el danés y mexicano -y que aún existía hace veinte años- muere una muerte horrible y lenta a manos de empresarios y funcionarios. Para vergüenza de Coahuila y para ruina de sus pobladores.


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