Rincones

No reparamos en lo persistente que es la vida. En la manera en que ha poblado rincones que, de entrada, juzgaríamos inhóspitos para ella. En un pequeño estanque de no más de doscientos metros cuadrados, alimentado por aguas termales en el municipio de Julimes, en el centro de Chihuahua, cuenca del Río Conchos, habita el cachorrito de Julimes o Cyprinodon julimes. Este pececito es famoso mundialmente por dos razones: es el pez que soporta las aguas más calientes en el mundo, 47º C, y es el vertebrado con el hábitat más pequeño de todo el planeta. A las temperaturas del manantial “El Pandeño” de Julimes, usted y yo moriríamos. Sumergidos en ese caldo, nuestros cuerpos no tendrían capacidad de enfriarse y nuestros procesos bioquímicos básicos para mantener la vida se interrumpirían. La misma suerte correrían la mayor parte de vertebrados del planeta Tierra pero no el cachorrito de Julimes.Este pez quedó varado hace milenios en ese hábitat hostil. Imposibilitado para salir y migrar a un sitio más adecuado, fue capaz de adaptarse a las inhóspitas temperaturas, sobrevivir y prosperar. El estanque del Pandeño en Julimes es una isla térmica, aislada por aires y aguas y suelos menos calientes que él que permitió la aparición de este pez único en el mundo. La clave para explicar la inaudita biodiversidad de esta tierra de tomates, lagartijas, pinos, dinosaurios, gatos, bacterias y rosales es la evolución por selección natural. Un cambio en el hábitat ejerce una presión sobre los individuos de una especie. Los individuos que no estén equipados para las nuevas condiciones no podrán reproducirse y por tanto no podrán transmitir sus rasgos a la siguiente generación. Sólo los individuos equipados para que el cambio de hábitat no les perjudique -y aún los favorezca- tendrán éxito reproductivo y pasarán a formar una población nueva sintonizada con el nuevo hábitat. El hecho de que haya individuos que se puedan adaptar es cuestión de mera suerte. Los individuos de cualquier especie somos diferentes entre nosotros, por fuera y por dentro. Somos materia plástica moldeable por las condiciones externas.Los ambientes más extremos han sido conquistados por los seres vivos. Hay cianobacterias en el agua caliente y sin fósforo en Cuatrociénegas. Extraños organismos pueblan las fumarolas hidrotermales del fondo más profundo y oscuro de los océanos. Era ya un adulto de 24 años cuando me enteré -National Geographic mediante- de su descubrimiento. Estas fumarolas podríamos son grietas asociadas a la actividad volcánica submarina por el que afloran chorros de gases y agua de mar a temperaturas superiores a los 400º C en sitios fríos, sin luz y sujetos a enormes presiones.La base de la vida en los alrededores de esas fumarolas con arqueobacterias quimiosintéticas, organismos unicelulares capaces de construir o sintetizar los elementos necesarios para la vida a partir de reacciones químicas al contrario de la fotosíntesis que requiere forzosamente la luz que no existe en el fondo marino. Esas arqueobacterias forman la base de la cadena alimenticia en esos suelos marinos a miles de metros de profundidad. Ahí hay camarones, almejas, caracoles y gusanos viviendo y prosperando gracias a una vida radicalmente diferente a la que conocemos en nuestros ambientes soleados.En una fumarola negra frente a las costas de México, a más de 2500 metros de profundidad, hay una bacteria capaz de realizar fotosíntesis a partir del tenue resplandor emitido por el magma que aflora en el suelo marino. Es hasta hora la única forma de vida conocida que hace fotosíntesis a partir de una luz que no proviene del sol.Y así podríamos continuar con las bacterias encontradas en un lago en la Antártida, cubierto por una capa de hielo de más de 750 metros de grosor. O con la bacteria Deinococcus radiodurans (traducción: terrible pelotita que soporta la radiación), capaz de recibir sin inmutarse niveles de radiación cientos de veces superiores a los que matarían a un ser humano. O la bacteria aún más aguantadora llamada Thermococcus gammatolerans (traducción: pelotita caliente que tolera los rayos gamma) que le duplica la tolerancia a la radiación a D. radiodurans y que vive ¿en donde más? en una fumarola hidrotermal frente a las costas de Guaymas a dos mil metros de profundidad.Saber como la vida y la evolución han sido capaces de conquistar los sitios más inverosímiles de nuestro planeta nos mueve a la maravilla. Pero también estimula la imaginación y nos hace soñar que quizá haya vida en los mares de la luna de Júpiter, Europa, o en los hielos de los cráteres lunares o de los polos marcianos. Y debería, por supuesto, hacernos tener más reverencia y respeto por ella, ahí donde esté. 


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