Radicales y extremistas

Para arrinconar al adversario siempre existe el recurso, facilón, de tildarlo de radical, de exagerado, de extremista. Si se defiende el statusquo, el que quiera cambiarlo será un insensato, un radical, un exagerado, un extremista.Vivimos en nuestra región una crisis sin precedentes.

La Sierra Madre Occidental nos ha regalado durante milenios, el milagro que es el agua en el desierto. Grandes lagunas, humedales sin orilla, frondosos y frescos bosques de galería, caudalosos ríos y extensas lagunas.

Todo eso encontraron los primeros humanos llegados aquí tras su largo caminar desde Asia.En menos de setenta años, un mero parpadeo en los milenios que lleva nuestra especie aquí, hemos dilapidado ese recurso. Ni el Aguanaval ni el Nazas llegan ya a sus lagunas, hoy secas.

Son detenidos y desviados para satisfacer la codicia humana. Los depósitos inmensos de dulces aguas que nos dejaron bajo tierra esos ríos, como un seguro contra las sequías, han sido igualmente dilapidados. Hoy el agua subterránea se vuelve inalcanzable y emponzoñada por el arsénico.Por definición la codicia no conoce orilla.

El que tiene mucho, quiere tener muchísimo y el que tiene muchísimo quiere tener más. Así se explica que aún en medio del desastre, exista el trafique de tierras, los desmontes ilegales y las perforaciones criminales por el rumbo de San Jacinto, en el municipio de Lerdo.

Quieren exprimir lo último que queda, quitarle las últimas gotas a la esponja.

Se vale preguntar ¿Quién es el radical, el extremista? ¿El que pide un alto a la destrucción? ¿El que demanda una pizca de cordura? ¿O el que preso de una especie de locura va en pos de lo poquito que queda para asegurarse que clava el último clavo del ataúd de nuestras comunidades?

¿Quién exagera? ¿Quién alarma?

¿De qué lado está la razón? ¿Dónde la mesura? Vale hacer estas preguntas. Pero vale más darles respuesta y empezar a trabajar en poner un alto a la destrucción.

Empezar a restituir el daño que los radicales y los extremistas le han hecho a nuestra tierra, a nuestra agua, a nuestra sociedad. Los razonables, los moderados tenemos que detener ya a estos extremistas, a estos radicales. 


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