Paisajes

Otra revelación producto de mi viaje a Chile fue la impresión, necesariamente superficial, del paisaje social y económico de ese país. Un paseo por el centro de Santiago revela una ciudad rica, pujante, activa. Pero una imagen así es de esperarse en cualquier gran capital. Sin embargo, un vistazo a los números macroeconómicos nos revelan dos imágenes muy diferentes de las economías de nuestros dos países: México tuvo en 2013 una inflación anual de 3.97 % mientras que en Chile fue de 1.79 %.
La riqueza que apreciaba superficialmente tiene fundamento al revisar el dato del ingreso interno bruto per cápita. En México ronda los diez mil dólares mientras que en Chile se encuentra en el umbral de los quince mil. Pero el ingreso per cápita es un número engañoso. Sin duda algún mexicano ganará los nueve mil y pico de dólares al año, pero la inmensa mayoría gana muchísimo menos y, huelga decirlo, Carlos Slim gana muchísimo, muchísimo más. En Chile la diferencia del ingreso es menos visible que en México aunque en Santiago llegué a ver barrios de inmigrantes empobrecidos mayormente provenientes de Colombia y Haití.
El resultado de esta riqueza puede uno verlo. Muchos coches, demasiados coches. A pesar de un precio de la gasolina que supera los 21 pesos mexicanos por litro y a pesar de que las vías urbanas de alta velocidad son de paga. Se ven también algunas bicis pero desterradas inexplicablemente al territorio de las banquetas. Pocos ciclistas circulan por el asfalto de las avenidas.
En nuestro viaje al sur encontramos también que el hospedaje, los restaurantes y las autopistas son caras. Pero esto no es motivo para no encontrar hoteles, restaurantes y playas llenos y autopistas rebosantes de coches. Ya en los ambientes más relajados del sur era también sorprendente ver ciclistas de largo recorrido con hombres y mujeres haciendo cicloturismo en ciclopistas bien acondicionadas y señaladas.
Las áreas naturales protegidas que conocimos estaban bien señalizadas, bien equipadas con estacionamientos, centro de visitantes, baños, información y algunas con concesiones de una pequeña tienda o un café. En esas condiciones, lo que pudimos apreciar y aprender de los tres parques nacionales que vimos, el Vicente Pérez Rosales, el del Alerce Andino y el de Chiloé fue más de lo que hubiéramos logrado en condiciones menos favorables.
La ciudadanía chilena se ve culta e informada. También participativa. Esto es sumamente sorprendente cuando no hace mucho pasaron de ser la democracia más longeva de América Latina a vivir bajo una feroz y cruel dictadura. Las fechas que estuve ahí eran fechas postelectorales. La izquierda volvió al poder. Una izquierda más izquierda que las veces anteriores en que la cercanía de los años negros de Pinochet aún enfriaba los ánimos y forzaba los compromisos. Casi dos terceras partes de los votantes lo hicieron por la coalición de centroizquierda en la que por primera vez en cuarenta años, participará el Partido Comunista.
La conciencia ambiental también parecía estar presente lo que es sorprendente en un país con una economía extractiva (minería y pesca) de larguísima historia. Cuando el avión estaba a hora y media de tocar tierra en Santiago pude ver dos grandes minas de tajo abierto, supongo que de cobre, con dos enormes presas de jales a un lado. Adicionalmente vi otra presa de jales sin tajo, quizá evidencia de una gran mina subterránea. La minería es percibida ya por mucha gente como una amenaza, como fuente de grandes problemas que apenas se enfrentan.
Ví también grandes valles sembradíos, con frutales y cosechas. Chile es la primera nación exportadora de fruta en Sudamérica, cosa evidente en los anaqueles de nuestros supermercados ahora mismo que tenemos ciruelas y peras por montones en una temporada, el invierno, que nunca fue de ciruelas ni de peras. El gran éxito del cultivo de frutas y verduras que Chile ha tenido solo se explica en el contexto de una economía que funciona bajo el régimen demencial de la globalización.
En Chile las salmoneras estaban por todas partes. No sólo en los corrales flotantes, abundantes en lagos y mares, sino en la publicidad en las carreteras y en las razones sociales de los trailers y pick ups que se veían por todas partes. Aunque las salmoneras aún gozan de aceptación general, probablemente porque no conllevan el desmonte de manglares como lo hacen las granjas camaroneras, creo que pronto los chilenos se darán cuenta que, como toda ganadería intensiva, las granjas piscícolas generan graves problemas de salud y en el medioambiente. La llegada ya anunciada de los salmones transgénicos, que crecen once veces más rápido que el salmón silvestre lo harán más evidente, creo.
Soy afortunado de haber podido ver un país tan bello, maravilloso e interesante como Chile. De haber podido tener una probada de sus paisajes físicos y humanos. De haber podido ver en Chile también a mi país y al mundo. Verlos en un espejo lejano que me permite  entenderlos -a mi país y al mundo- un poquito mejor.


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