OrguYO Lagunero

La Laguna vive, desde hace años, una crisis de ilusión. El futuro había dejado de ser para los laguneros el territorio en el que cuajarían nuestros sueños. La falta de ilusión es un estado dramático pues nos lleva al desgano y al fatalismo. Vea usted las elecciones. Creo que desde hace mucho -demasiado- tiempo, que un programa o un candidato no nos llena de ilusión. Vamos a la casilla electoral -si es que vamos- con desgano. En el mejor de los casos a votar por el “menos peor”. Esto, que es un drama para la salud política de nuestro país y de nuestra comarca, es tóxico como ninguna otra cosa. La ausencia de ilusión, la falta de sueños, es la locomotora que lleva al tren de la política mexicana a terrenos peligrosos.Pero si bien la ausencia de ilusión de los ciudadanos en la política y en sus políticos es un mal mexicano, lo de los laguneros quizá era más grave. Y lo era porque esta desazón abarca otras áreas de nuestra vida. La administración pública, la economía, la convivencia, la inseguridad, el medio ambiente, todos campos fundamentales de nuestras vidas se veían con desesperanza, como quien mira desde el centro de un páramo.Pero es sorprendente la reacción social que se va advirtiendo ante la desolación. Por diversos rincones brotan iniciativas ciudadanas con objetivos aparentemente modestos y aparentemente inconexos que intentan transformar nuestra realidad.  Pareciera una reacción casi orgánica por parte de la sociedad ante un panorama de atonía, apatía y desolación.He tenido la fortuna de formar parte de algunas de estas iniciativas. La fortuna de haberme encontrado con hombres y mujeres dispuestos a parar la destrucción del Nazas o evitar que el daño entre en Jimulco. De compañeras y compañeros deseosos de estimular el uso de la bicicleta como medio de transporte limpio, divertido y seguro en las calles laguneras que aún no están tan automovilizadas como las de otras ciudades. Ser testigo de como otros grupos y colectivos promueven el rescate de los espacios públicos o fomentan la convivencia sana entre desconocidos que poco a poco se transforman en amigos.Todos estos grupos asemejan estrellas nuevas que se van encendiendo en un cielo previamente negro, vacío. Pasan las semanas, los meses y los años y siguen ahí consolidando lo logrado y sirviendo de estímulo y ejemplo para otras iniciativas. Otras iniciativas que pueden ser paralelas o tangenciales, da igual, si al final se traduce en una reconstitución del tejido social, en una rebelión contra la inseguridad, en un llamado a la asistencia de los que más lo necesitan.Estos destellos, estas lumbritas, empiezan poco a poco a reconocerse mutuamente, a interesarse por lo que hacen los otros, a encontrar puntos de convergencia y de interés común. Quizá el ejemplo más íntimo que pueda yo darles es el de Mentes con Alas y Ruedas del Desierto. Dos organizaciones aparentemente divergentes, aquella una comunidad de adultos con parálisis cerebral, ésta un colectivo para impulsar a la bici como medio de transporte. Las amigas y los amigos de Mentes con Alas nos propusieron a Ruedas del Desierto una actividad conjunta. De ahí surgió Ruedas con Alas, que celebramos por primera vez en 2013. Se trató de un paseo conjunto, un sábado. La propuesta era bien sencilla: pasear a una velocidad un tanto más alta que la usual para una silla de ruedas. “Que sienta el viento en la cara y en el pelo” fue la especificación sencilla y profunda. En el transcurso del paseo nos dimos cuenta de una verdad hasta entonces oculta. Los ciclistas y las personas que requieren desplazarse en silla de ruedas sufrimos, a niveles diferentes, problemas de accesibilidad, de segregación, de exclusión. Podemos trabajar juntos para terminar con esta situación. Para un ignorante de la parálisis cerebral como yo, este paseo, su planeación y los vínculos que se han desarrollado a partir de ella han sido una lección enorme en más de un sentido.La empatía y alianza entre Moreleando y Ruedas del Desierto es otra relación muy fuerte que se va expresando en acciones mutuas de defensa del peatón y del ciclista y la promoción de políticas públicas en ese sentido. Desde hace meses se viene gestando en La Laguna una coalición aún más amplia de organismos ciudadanos aparentemente disímiles pero en el fondo convergentes. Me refiero a OrguYO Lagunero donde participamos Cáritas de Torreón, Casa Feliz, Hermandad CAT, Laguna Yo te Quiero, Moreleando, Héroes Laguna, la Casa del Anciano de Ciudad Lerdo, el Consejo Interuniversitario de La Laguna, el Museo Arocena y Ruedas del Desierto. Me atrevo a decir que juntos pretendemos refundar a La Laguna. Relanzar a nuestra comarca desde la visión sencilla pero sólida de las ciudadanas y los ciudadanos que queremos una vida mejor, un futuro mejor,  que queremos darle fin a esta la crisis de ilusión que sólo nos frena y nos impide ser quienes debemos ser. 


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