Mujeres y bicicletas

Hace muchos años, en el umbral de una elección disputada en la delegación sindical de mi  centro de trabajo, un grupo de mujeres decidió formar una planilla. La decisión de ese grupo de profesoras, intendentes y secretarias causó gran revuelo. Un profesor sentado a mi lado no podía contener su indignación, una indignación puramente machista. “Maldito el gallinero donde mande una gallina” me espetó. Aquello no era una súbita perla de sabiduría avícola sino un descarnado ejemplo de ese mal que corroía y aún corroe la relación entre los géneros en México. Que aquella frase fuera enunciada por un profesor universitario reflejaba como somos víctimas de los prejuicios más groseros.
Un montón de problemas gordos que aquejan a la humanidad -sociales, ambientales, de justicia y de salud pública- se agravan por la inequidad de género, una inequidad a veces brutal y muchísimas veces sutil, invisible. ¿Porqué aún en países industrializados una mujer gana menos que un hombre que desempeña el mismo trabajo o tiene la misma responsabilidad? ¿Porqué disciplinas como la ingeniería mecánica, la agronómica, la eléctrica o la electrónica apenas tienen alumnas? ¿Porqué no hay mineras o conductoras de vehículos de transporte de bienes o de personas? ¿Porqué hay tan pocas diputadas y senadoras? ¿Porqué tan escasas ejecutivas en las grandes corporaciones? ¿Cuánto se pierde la humanidad al prescindir de la mitad de su talento en todos estos campos?
Es a principios del siglo XX que aparecen diversas reivindicaciones feministas ligadas a las condiciones laborales de las obreras. En 1911, en el incendio de un taller de ropa en Nueva York murieron 123 mujeres jóvenes y 23 hombres. Ese trágico accidente dio impulso a la celebración de un día para honrar a la mujer trabajadora. Luego las reivindicaciones laborales se trenzaron con la exigencia del voto para las mujeres. En el seno de estos dos grandes movimientos -el laboral y el del sufragio- es que surge la idea de establecer un Día Internacional de la Mujer que, desde hace décadas, se celebra el 8 de marzo.
Uno de los efectos nocivos de la discriminación contra la mujer, la discriminación sutil, la discriminación socialmente aceptada, la discriminación políticamente correcta, ha dado como resultado que pocas mujeres usen la bicicleta como medio de transporte. La bicicleta es por ella misma un instrumento emancipador. Nos permite llegar, usando nuestra propia fuerza motriz, más lejos y más rápido que nuestros pies. Esto abre posibilidades infinitas para quien la usa. En una ciudad como nuestras ciudades laguneras esto se traduce en la apertura de un abanico amplio de posibilidades laborales, familiares y de esparcimiento sin requerir un gasto mayor. La movilidad nos hace libres. Un coche nos da más movilidad cierto, nos lleva más lejos, es verdad, pero muchas veces esa velocidad es aparente y requiere de una inversión cuantiosa y de un gasto de operación elevado. La bici no. La bici es buena, bonita, ligera, rápida y barata.
Si la bicicleta emancipa ¿Porqué hay tan pocas mujeres ciclistas? La respuesta es compleja porque la pregunta también lo es. Pero intuyo que una buena parte de ella está en ese machismo diseminado que ve al pedaleo como una actividad propia de hombres. La actividad física ha sido vista tradicionalmente como algo masculino. Con la memoria fresca del Maratón Lala es fácil olvidar que las mujeres tenían vetados los maratones hasta la década de los setenta y que el maratón femenino no fue competencia olímpica sino hasta las olimpiadas de Los Ángeles en 1984. Bajo esta óptica andar en bici no es propio de damas respetables, seres por definición débiles y frágiles.
Por eso es imperativo elevar el número de mujeres desplazándose en bici por nuestras calles. Porque la bici libera, emancipa, te hace más pequeño el mundo, te acerca las oportunidades. Por eso celebro que, por tercer año consecutivo, se realice en La Laguna la Rodada de Altura, un paseo de mujeres, por mujeres y para mujeres. Las compañeras de Ruedas del Desierto convocaron ayer a cientos de mujeres, muchas de ellas pedaleando por la calle por primera vez, para proclamar que las calles también son de ellas y que montadas en sus bicis nada ni nadie podrá pararlas.
A partir de esta Rodada de Altura 2014, la presencia de la mujer lagunera en las calles irá en aumento y a eso ayudaremos con gusto las mujeres y los hombres de Ruedas del Desierto y desde Bicionarias Laguna, el interesante colectivo de mujeres en bici que ya están por surgir.


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